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Cómo las pandillas invadieron América Central
Ana Arana
De Foreign Affairs En Español, Julio-Septiembre 2005

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Resumen: Durante una década Estados Unidos ha exportado su problema con las pandillas, enviando de vuelta a sus lugares de origen a delincuentes nacidos en América Central, sin advertir de ello a los gobiernos locales. El resultado ha sido un explosivo aumento de las perversas pandillas transnacionales que ahora amenazan la estabilidad de las frágiles democracias de la región. Mientras Washington parece ignorar la situación, las bandas están creciendo, esparciéndose hacia el norte, a México y de regreso a Estados Unidos.

Ana Arana es periodista de investigación que se ha ocupado ampliamente en temas de América Latina.

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Temas:
América Central
Cultura y Sociedad
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Los programas escolares también deberían elaborarse con miras a evitar que los jóvenes decidan unirse a las bandas. Para ayudar a pagar por ellos, Estados Unidos puede enseñar a América Central a aprovechar su sector empresarial para financiar programas post-escolares y capacitación en el empleo para jóvenes de bajos ingresos. En El Salvador, el gobierno ya ha convencido a grupos privados para que financien programas de protección de testigos y empleos para ex pandilleros que elijan volver a la vida normal. Este tipo de esfuerzos deben ser promovidos en el nivel regional.

Para facilitar la supresión, la policía debería hacer un gran esfuerzo en perseguir a los pandilleros más recalcitrantes que se niegan a abandonar su vida delictiva. Los legisladores centroamericanos deberían introducir medidas contra las pandillas y las drogas que hagan que sea un delito mayor la participación en actividades relacionadas dentro de un radio de una milla de las escuelas, que es donde hoy se reclutan principalmente jóvenes para las maras. Los oficiales encargados de supervisar a quienes están en libertad condicional también deben ser puestos dentro del círculo de los oficiales activos antipandillas, ya que es importante vigilar de cerca a los pandilleros después de que han dejado la cárcel. Las dependencias de procuración de justicia estadounidenses y centroamericanas también deberían intercambiar información sobre los traficantes de personas. Y los dirigentes de América Central deberían ofrecer seguridades de que enjuiciarán a quienes sean atrapados llevando inmigrantes indocumentados a Estados Unidos.

Washington también debería ayudar a las diversas fuerzas policiacas centroamericanas a establecer un sistema integrado de cómputo que siga la pista de delincuentes a través de las fronteras, incorporando también en ello a los traficantes de personas. Las prácticas estadounidenses en materia de inmigración deben cambiar formalmente a fin de que se ofrezca información sobre los registros delictivos de todos los deportados. Algunos observadores incluso han indicado que Estados Unidos podría ayudar a soportar gran parte del peso del problema de las pandillas haciendo que sus miembros centroamericanos cumplan sus sentencias en Estados Unidos.

En conjunto, tales tácticas tienen una oportunidad de contener la embestida de la maras centroamericanas. Sin embargo, las reformas deberían establecerse tan pronto como sea posible. Con cada día que los gobiernos esperan, las pandillas crecen en poder y el peligro que plantean se vuelve mayor. Si América Central abriga la esperanza de escapar del caos de su pasado y, por fin, hacer la transición hacia un gobierno estable y democrático, necesita actuar rápido para atajar a las maras. Y Estados Unidos debe ayudar.




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