Este insólito libro es, en parte, la odisea autobiográfica de la consulta que Sachs realizó con los países en crisis y, en parte, el programa apasionado aunque razonado para eliminar la pobreza extrema. El autor dio inicio a su consulta de crisis en Bolivia a mediados de los ochenta y siguió trabajando con Polonia en 1989, Rusia en 1992 y 1993, y desde entonces en otra multitud de países. Con estas experiencias Sachs obtuvo conocimientos de trabajo de campo que lo llevaron a confrontaciones ocasionales con el FMI, cuyas doctrinas él considera inadecuadas ante los problemas de la actualidad. El principal impulso de este libro, sin embargo, se basa en las temporadas que pasó en el África subsahariana, donde vio la pobreza extrema, la desnutrición y la enfermedad en una escala nunca antes encontrada y se horrorizó por los exiguos esfuerzos de la comunidad internacional para ayudar a los africanos a salir del círculo de la pobreza. El último tercio del libro, por consiguiente, invita a la promoción de un programa coordinado globalmente y bien financiado -- que ponga énfasis en mejoras prácticas en salud, educación e infraestructura -- para eliminar la pobreza extrema para el año 2025 (extensión lógica de las Metas de Desarrollo del Milenio de la ONU, las cuales apuntan a reducir a la mitad la pobreza extrema para 2015). La propuesta es audaz, ambiciosa y apreciable. Sachs presta poca atención, sin embargo, a los obstáculos creados por los desórdenes civiles, que infestan a decenas de países pobres, en especial de África.