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Las lecciones del pasado Leonardo Curzio De Foreign Affairs En Español, Enero-Marzo 2005 Estados Unidos: Intervención y poder mesiánico. José Luis Valdés Ugalde, México, UNAM, 2004, 406 pp. MN$220.00 Resumen: A 50 años del derrocamiento de Jacobo Arbenz, sale a la luz un libro que se centra en tres factores: el contexto de la Guerra Fría, las visiones tradicionales de Estados Unidos y la realidad de una Guatemala dominada por el atraso y la falta de voluntad de cambio. El Muro de Berlín cayó, y también las Torres Gemelas, pero es cierto que han ocurrido otros episodios que vale la pena recuperar, como el que nos presenta José Luis Valdés. Leonardo Curzio es investigador titular del CISAN-UNAM, doctor en Historia Contemporánea y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.
Los estudios estratégicos han caído en un abismo peligroso. Se trata de esa tentación que algunos historiadores llaman "presentismo" y que nos lleva a pensar, por falta de perspectiva o por franca ignorancia, que todo lo que sucede en nuestros días no tiene precedentes. Las consecuencias son enormes pues se deforma la lectura de los acontecimientos y el resultado es una suerte de espejismo que nos lleva a creer que lo que estamos viviendo en el presente es algo inédito en la historia y por lo tanto nuestras matrices explicativas son ineficaces. Una lectura profunda de problemas como el terrorismo nos demuestra que no todo es tan nuevo como se dice. Hay elementos históricos como el famoso blowback provocado por las operaciones encubiertas que ya era conocido antes de Al Qaeda. Tampoco es cuestión de afirmar que no hay nada nuevo bajo el sol, pero hay muchas expresiones de la política internacional y sus conflictos que tienen una raigambre secular. Estudiar con cierto detenimiento las raíces de los problemas nos ayuda a superar una interpretación superficial de las problemáticas. El presentismo es un riesgo interpretativo que debemos reducir. Es natural suponer que nos ha tocado vivir un periodo especialmente atractivo, plagado de incógnitas y de incertidumbre; pero tampoco hay que exagerar la nota. Por lo anterior, es importante leer trabajos que incorporen una perspectiva histórica, como el que nos propone José Luis Valdés sobre la política estadounidense en Guatemala en el que se recuperan hechos acaecidos hace exactamente medio siglo. Hay muchas cosas sucedidas hace 50 años que arrojan mucha luz sobre lo que sucede en nuestro tiempo y que tal vez no hayamos considerado en detalle. Me parece justo y necesario que nuestros análisis sobre lo que sucede en el mundo varíen ya la trillada obertura de que el Muro de Berlín cayó en 1989, o aquel estribillo que dice de manera impenitente que el mundo cambió el 11 de septiembre de 2001. El Muro cayó, es cierto, y las Torres Gemelas también, pero es igualmente cierto que han sucedido otros episodios que vale la pena recuperar y hay procesos culturales, geográficos y políticos que tienen un poder explicativo muy poderoso y que a menudo pasamos por alto. Toda política exterior es producto de diversos factores geográficos, económicos, históricos y culturales. Estados Unidos, como gran potencia, no escapa a este determinismo. "Al igual que todas las naciones -- escribió Robert Pastor en El remolino -- , a Estados Unidos lo mueven los temores y en menor grado las esperanzas." Entender las razones que orientan (en un contexto histórico específico) la toma de decisiones en política exterior supone un conocimiento de las raíces históricas, la cultura política de un país y la forma en que éste se percibe a sí mismo y a su entorno. La obra de José Luis Valdés, además de ilustrarnos sobre uno de los episodios más importantes (y también olvidados) de la historia de América, nos ayuda a reconstruir, desde una perspectiva teórica perfectamente documentada, la forma en que Estados Unidos ve el mundo y, en muchos casos, la forma en que el mundo se relaciona con él. El autor nos ofrece una lectura muy sólida de la importancia que hoy por hoy tiene estudiar a Estados Unidos y su relación con América Latina. Comprender la forma en que Estados Unidos se relaciona con los países del hemisferio pasa por entender las guerras culturales que se han dado en la sociedad estadounidense y se expresan en su propia historia de las ideas. La inveterada desconfianza estadounidense a cualquier tipo de cambio social que discrepe de aquello que se integra en el paradigma del "americanismo lockeano" es identificada claramente por Valdés en el caso guatemalteco y eso le permite explicar una buena parte de las incomprensiones o francas agresiones que algunos pueblos americanos han sufrido por parte del "Coloso del Norte". Pasajes especialmente reveladores son los consagrados al excepcionalismo, que tienen una portentosa vitalidad para entender el mundo de hoy. A partir de esa revisión desarrolla el objeto central de su libro que es, en estricto sentido, una combinación de tres factores: a) el contexto de la llamada Guerra Fría; b) las visiones tradicionales de Estados Unidos, y c) la realidad de una Guatemala dominada por el atraso, la exclusión, la marginación y su voluntad de cambiar. La pregunta de fondo que se plantea Valdés abre perspectivas de gran valor analítico. El autor se pregunta: ¿qué alentó a Estados Unidos a desestabilizar y en última instancia a derrocar al gobierno legítimo y constitucional de Jacobo Arbenz? ¿Cómo encontrar un asidero político sólido para explicar el trabajo de minado de un régimen que pretendía, por la vía reformista, transformar la realidad del país? La primera respuesta fue, por supuesto, la amenaza soviética. Ésta ofrecía, en plena Guerra Fría, un comodín permanente y multiusos. Pero, como Valdés demuestra, nunca se acreditó la intromisión soviética. Lo importante en el fondo era la Reforma Agraria, que generó preocupación e ira en Washington. El objetivo fundamental del gobierno de Arbenz era superar el atraso económico de Guatemala a través de una revaloración, en clave capitalista, de la propiedad agraria. El argumento central para alentar la mencionada reforma era que la concentración de la tierra en pocas manos desvirtuaba la función social de la propiedad, y un capitalismo progresivo (como lo imaginó José Ingenieros) suponía abrir oportunidades para más personas. No era, por lo tanto, una colectivización comunista ni nada que se le pareciera; además se hacía desde la legitimidad democrática y desde la soberanía nacional. Como es sabido, el gobierno de Arbenz fue depuesto por Castillo Armas. Con su caída se frustró el primer intento, no violento, de transformar la realidad de un país latinoamericano en plena Guerra Fría. La importancia de este fracaso no es menor, pues algunos años después esto daría fuerza al modelo cubano de transformación de la realidad. El castrismo proclamó, desde principios de los sesenta, que la única vía para transformar la realidad en América latina era la de la revolución. Algunos años después, el acoso estadounidense al gobierno de Salvador Allende en Chile confirmaría este supuesto, lo que les quitó a muchos izquierdistas su lealtad democrática y a Fidel Castro le ha dado esa especie de halo transformador y de monopolio de la vía revolucionaria para hacer cambios de fondo en nuestros países. Guatemala no sólo sirvió para cortar los espolones de una izquierda que, tal vez con ciertas dosis de ingenuidad, apostaba por la transformación de la realidad por la vía del reformismo, y reforzaba el modelo cubano como gran alternativa para el cambio. Guatemala sirvió también como conejillo de Indias para poner en marcha una serie de acciones de desestabilización de regímenes que Washington en algún momento consideraba hostiles. La "Pbsuccess" fue la operación encubierta para el acoso y derrocamiento del régimen de Arbenz y, como apunta Valdés, fue la primera de una larga serie de maniobras que se extienden hasta la Operación Irán-Contras. El libro aporta elementos de análisis sugerentes pero también reconstruye un proceso histórico que ha caído en una relativa desatención. El texto, prologado por el acreditado profesor Christopher Hill, fue originalmente una tesis doctoral presentada con los más elevados estándares de rigor académico. Estamos, por tanto, ante un libro bien pensado, bien revisado y bien documentado. No es un libro para salir del paso. Su considerable extensión (más de 400 páginas) no debe desalentar al lector, pues es un libro ameno. En suma, me parece afortunado el hecho de que este libro salga a la luz en este año, 50 años después de que Jacobo Arbenz fuera derrocado, y se publique en México, ciudad donde murió en 1971 el personaje más importante de la Guatemala del siglo XX. |
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