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Hacia una nueva visión de Asia
Francis Fukuyama
De Foreign Affairs En Español, Enero-Marzo 2005

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Resumen: El sistema de alianzas asiáticas de Washington puede haber funcionado durante la Guerra Fría, pero no reconoce la realidad política de hoy. Aunque las pláticas de seis partes que se llevan a cabo actualmente sobre las armas nucleares de Corea del Norte surgieron de la necesidad, su formato deberá ser permanente para que la Casa Blanca pueda contribuir a reconfigurar la diplomacia asiática.

Francis Fukuyama es catedrático de Economía Política Internacional en la Johns Hopkins School de Estudios Internacionales Avanzados y autor de State-Building: Governance and World Order in the 21st Century.

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Temas:
Asia
Organizaciones Internacionales

Remapping East Asia: The Construction of a Region
T. J. Pempel (comp.). : Cornell University Press, 2004.

UNA NUEVA GESTIÓN

Una tarea fundamental que ha de enfrentar la segunda administración Bush es la de diseñar la adecuada arquitectura de seguridad para Asia del Este. Estados Unidos confronta varios problemas inmediatos, entre ellos el punto muerto en el que se ha caído en materia nuclear con Corea del Norte, la tensión entre China y Taiwán y el terrorismo fundamentalista islámico en el Sureste Asiático. Pero una política exterior precavida no sólo ha de manejar crisis; debe moldear el contexto de las futuras opciones políticas mediante la creación de instituciones internacionales. Asia del Este heredó una variedad de alianzas de los primeros días de la Guerra Fría. Esas especies de asociaciones conservan su importancia como medio de ofrecer previsibilidad y disuasión. Sin embargo, a una década y media de la caída del Muro de Berlín, cada vez es más evidente que no se adecuan a la configuración de las políticas que hoy están cobrando forma.

La Casa Blanca tiene la oportunidad de crear una estructura institucional visionaria para la región. En el corto plazo, puede hacerlo transformando las pláticas de seis partes sobre Corea del Norte en una organización permanente de cinco potencias que se reuniría con regularidad para analizar diversos asuntos de seguridad regionales, más allá de la amenaza nuclear norcoreana. En el largo plazo, Washington tendrá que considerar mecanismos para enlazar este diálogo sobre seguridad con los diversos foros económicos multilaterales que hoy existen o cuyo establecimiento se está examinando, como la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ANSEA); el grupo ANSEA-más-tres, que se formó tras la crisis económica asiática e incluye a China, Japón y Corea del Sur, y las áreas de libre comercio en desarrollo. El multilateralismo asiático será decisivo no sólo para la coordinación de las economías en auge de la región, sino también para la contención de las pasiones nacionalistas que acechan bajo la superficie de todo país de Asia.

VÍNCULOS QUE OBLIGAN

A diferencia de Europa, Asia carece de fuertes instituciones políticas multilaterales. Europa tiene la Unión Europea (UE) y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y también grupos como la Organización de Cooperación y Seguridad de Europa y el Consejo de Europa. Los únicos homólogos de Asia son la ANSEA, el Foro Regional de la ANSEA en asuntos de seguridad y el mecanismo de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), que son organismos mucho más débiles. La ANSEA no incluye a China ni a los más importantes países del Noreste Asiático, y el APEC no es más que una entidad consultiva. La seguridad de Asia no está garantizada por tratados multilaterales, sino por un conjunto de relaciones bilaterales cuyo centro está en Washington, en especial el Tratado de Seguridad Estados Unidos-Japón y la relación Estados Unidos-Corea del Sur.

Las razones de esta diferencia entre Europa y Asia son de índole histórica. Los países europeos están vinculados por orígenes culturales similares y su experiencia compartida en el siglo XX, hasta el punto de que han cedido importantes elementos de soberanía nacional a la UE. En cambio, existe un grado mucho mayor de desconfianza entre los países más señeros de Asia. Esta suspicacia se debe en parte al cambio en el equilibrio de poder, pues Japón ha sido eclipsado por China, pero sobre todo por los recuerdos de la Guerra del Pacífico. Después de 1945, tanto Alemania como Japón tenían que convencer a sus vecinos de que ya no serían unas amenazas. La nueva Alemania Occidental lo hizo cediendo soberanía a varias organizaciones multilaterales; Japón lo hizo cediendo soberanía en materia de seguridad a Estados Unidos. Así, los lazos sobre seguridad se convirtieron en una estructura de "estira y afloja" en Asia, donde Washington desempeña un papel de mediación y equilibrio entre las partes.

Dichos lazos bilaterales siguen siendo decisivos, sobre todo la relación entre Estados Unidos y Japón. La garantía nuclear y las fuerzas armadas estadounidenses desplegadas en Japón permiten al resto de Asia confiar en que Japón no se rearmará en forma significativa. Pero este sistema de mecanismos de control y equilibrio en seguridad típico de la Guerra Fría se está deteriorando conforme nuevas generaciones toman el poder y enfrentan entornos de nueva índole.

El primer problema se refiere a la relación de Estados Unidos con Corea del Sur. Con el predominio de presidentes de izquierda como Kim Dae Jung y Roh Moo Hyun en la década pasada, ha surgido una nueva generación de coreanos que buscan la reconciliación con Corea del Norte, y no la confrontación. Hoy, muchos coreanos jóvenes piensan que Estados Unidos constituye una amenaza más importante para su seguridad que el régimen de Kim Jong Il. Esta excéntrica percepción está basada en ilusiones extraordinarias. La dictadura norcoreana es una de las más inhumanas y peligrosas que hayan existido jamás, pero el gobierno de Bush apostó mal al empezar su primer periodo, pues subestimó la "preciada" política de reconciliación coreana del presidente Kim; ello desató una oposición generacional entre los coreanos más jóvenes contra las verdades de la Guerra Fría. Sencillamente, la gratitud reflexiva que sintieron hacia Estados Unidos los coreanos que vivieron la guerra contra el norte no existe en la generación más joven, la cual, como su contraparte alemana, creció en paz y prosperidad.

En la superficie, la alianza Estados Unidos-Corea del Sur sigue pareciendo muy fuerte: el actual gobierno de Roh Moo Hyun ha tratado de demostrar su compromiso con la relación enviando fuerzas militares a Irak. Pero fácilmente podría surgir un malentendido que precipitara una caída en espiral si los coreanos culparan a Estados Unidos de una excesiva beligerancia hacia Pyongyang y la reacción de Washington fuera proporcional a lo que percibiría como ingratitud coreana. Sin embargo, absorbido por el terrorismo y por Medio Oriente, Estados Unidos ya ha reubicado sus fuerzas fuera de la zona desmilitarizada de la frontera norcoreana y planea reducirlas en la región.

Asimismo, la relación de Washington con Tokio está cambiando su curso; ello produce trastornos muy importantes para el resto de Asia. Impulsado por la amenaza nuclear de Pyongyang, Tokio está reexaminando la necesidad de contar con fuerzas defensivas más vigorosas. El envío de fuerzas japonesas de mantenimiento de paz a Irak y sus recientes confrontaciones con la armada de Corea del Norte sacan a la luz la disposición a comportarse como lo que el líder de la oposición, Ichiro Ozawa, ha llamado un "país normal". Cada vez es mayor el consenso en Japón de que debe revisarse el Artículo 9 de su constitución de Posguerra -- que ordena que no puede entablar guerras ni sostener fuerzas armadas -- , aun si el proceso ha de extenderse por varios años. Si bien los lazos políticos entre Washington y Tokio son hoy más fuertes de lo que han sido en muchos años, la relación de dependencia padre-hijo, propia de la Guerra Fría, inevitablemente será sustituida por algo parecido a una alianza entre iguales.




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