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Haití: ¿complemento o vacío hegemónico en América Latina?
Gabriel Gaspar Tapia
De Foreign Affairs En Español, Enero-Marzo 2005

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Resumen: El caso de Haití es un ejemplo notorio de cómo, después de la Guerra Fría, la política de Estados Unidos hacia América Latina se ha transformado. Si bien en el pasado Washington intervenía directamente en la región para solucionar los conflictos, hoy, al no existir más la sombra de la Unión Soviética como elemento desestabilizador, son los mismos países del continente, como Argentina, Brasil y Chile, los que están llamados a resolver los problemas.

Gabriel Gaspar Tapia es licenciado en Ciencias Políticas, actualmente se desempeña como subsecretario de Guerra del Ministerio de Defensa Nacional de Chile.

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Los sucesos del 11 de septiembre de 2001 constituyen el parteaguas de la problemática de seguridad en los tiempos de la Posguerra Fría. Esto es particularmente válido para las opciones que a partir de entonces asume Estados Unidos. ¿Cómo repercute esto en la agenda de seguridad de América Latina?

El combate contra el terrorismo global se transformó en la primera prioridad en el diseño de seguridad de la principal potencia. En torno a esta definición el gobierno estadounidense rediseñó su estrategia de defensa, alineó su política exterior y llevó a cabo dos guerras en las inmediaciones del Golfo Pérsico (Afganistán e Irak). La guerra contra Afganistán y Al Qaeda contó con un amplio respaldo internacional y un decidido apoyo de su opinión pública interna. Este respaldo se resquebrajó en ocasión de la invasión a Irak. Tanto el apoyo externo como el consenso interno han ido diluyéndose con el paso del tiempo y la evolución de los acontecimientos, tal como lo mostró la reciente campaña presidencial, en la cual la política exterior se transformó en uno de los puntos de mayor debate en la sociedad estadounidense.

Esta prioridad del combate al terrorismo, unida al escenario privilegiado de Asia Central, está creando una situación nueva en el continente americano, en especial en lo referente a la seguridad. En síntesis, al concentrar sus esfuerzos en las guerras contra los talibanes, Al Qaeda y Saddam Hussein, el gobierno de Estados Unidos desplazó su preocupación a otros peligros -- entre ellos el narcotráfico, el cual involucra a varios países de América Latina -- . Otras amenazas a la seguridad estadounidense provenientes de su frontera sur no constituyen hoy la primera prioridad. La inmigración ilegal y las guerrillas sobrevivientes no alcanzan la dimensión suficiente para distraer a los estadounidenses de su esfuerzo principal.

Pero que América Latina deje de ser una zona prioritaria en materia de seguridad para Estados Unidos no significa que esté exenta de amenazas a su seguridad, sólo que ahora las crisis latinoamericanas no ocupan el interés que antaño creaban en la Casa Blanca, el Pentágono o el Departamento de Estado. Pero siguen siendo crisis, y siguen afectando la seguridad de la región latinoamericana. Esto se expresa en especial en el caso de Haití, donde la presencia brasileña, argentina y chilena configura una novedosa concertación latinoamericana de seguridad cooperativa.

¿Estamos en presencia de un vacío hegemónico (deliberado) en el continente que abre espacio (u obliga) a una mayor participación de Brasil y sus principales socios sudamericanos en la seguridad regional? ¿Se inaugura con esto un espacio de disputa entre Estados Unidos y el Cono Sur en materia de influencia regional?, o ¿estamos en presencia de una armónica "división del trabajo" entre países de intereses medios vs. la potencia global? Mención aparte merece la posición de Canadá, que en la crisis haitiana ha seguido una conducta muy similar a la de su principal vecino, así como la persistencia de México en su política de no participar en operaciones de paz.

LOS PROBLEMAS DE LA SEGURIDAD LATINOAMERICANA

En tiempos de la Guerra Fría, la óptica de seguridad era uno de los prismas privilegiados con el que Estados Unidos miraba los problemas de sus vecinos del sur. En ese periodo, la mirada estadounidense hacia América Latina vigilaba con atención cualquier movimiento sospechoso de alianza con la Unión Soviética. En términos militares esa visión dio origen a la hipótesis del enemigo interno y a la percepción de la "amenaza extracontinental". En esa línea se constituyó el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y se llevaron a cabo los diversos programas de apoyo a las fuerzas armadas latinoamericanas.

Desaparecido el conflicto global, y apreciando que las "amenazas tradicionales" (los conflictos interestatales) estaban a la baja, se inició un amplio debate respecto de las nuevas amenazas, la vigencia de los mecanismos de seguridad y el papel de las fuerzas armadas. En primer lugar, la amenaza del narcotráfico pasó a ocupar un lugar prioritario en la década de los noventa. Por su parte, el cuestionamiento al TIAR llegó hasta el punto en que varios países pusieron en duda su verdadera vigencia. México fue el primero en hacerlo, y revocó su adhesión a dicho mecanismo.

La discusión avanzó hasta que fue interrumpida por los ataques del 11 de septiembre. El continente cerró filas en solidaridad con Estados Unidos suponiendo que el terrorismo global alcanzaba proporciones inusitadas, dado que algunos años antes Argentina ya había sido atacada con los atentados a la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina) y la Embajada de Israel. El TIAR fue invocado para esta oportunidad y contó con la unanimidad de la región, pese a que todos reconocían que su diseño de Guerra Fría era obsoleto. En los diversos foros de la región empezó a debatirse el tema de las nuevas amenazas y los mecanismos para enfrentarlas.

Esta discusión ha avanzado pero, sobre todo, el propio devenir de América Latina se ha encargado de demostrar que la región enfrenta hoy nuevos desafíos a su seguridad. Además, el examen de las principales crisis vividas en la región en los últimos tiempos muestra que los problemas se derivan, en gran medida, de la agudización de crisis económico-sociales que terminan por afectar el sistema político. El descontento y la movilización social llevan a situaciones que afectan la gobernabilidad, y, en algunos casos, la seguridad se pone en riesgo ante la amenaza de ruptura del pacto social y la disolución de los mecanismos de cohesión social.




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