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Haití: ¿complemento o vacío hegemónico en América Latina?
Gabriel Gaspar Tapia
De Foreign Affairs En Español, Enero-Marzo 2005

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Resumen: El caso de Haití es un ejemplo notorio de cómo, después de la Guerra Fría, la política de Estados Unidos hacia América Latina se ha transformado. Si bien en el pasado Washington intervenía directamente en la región para solucionar los conflictos, hoy, al no existir más la sombra de la Unión Soviética como elemento desestabilizador, son los mismos países del continente, como Argentina, Brasil y Chile, los que están llamados a resolver los problemas.

Gabriel Gaspar Tapia es licenciado en Ciencias Políticas, actualmente se desempeña como subsecretario de Guerra del Ministerio de Defensa Nacional de Chile.

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[continúa...]

Como ya señalamos, la prioridad en materia de defensa y seguridad de Estados Unidos es el combate al terrorismo global. El brutal ataque de que fue víctima el 11 de septiembre lo explica. Al ser una potencia global, es comprensible que su preocupación sea de carácter global. Su política de seguridad y defensa no se circunscribe al continente.

Sin duda, esta prioridad no anula su preocupación por su entorno inmediato. La Cuenca del Caribe es uno de los espacios más sensibles para sus intereses. Obviamente, cualquier desestabilización en la región afectaría directamente a Estados Unidos, en especial a Florida. Una avalancha de inmigrantes ilegales sería lo mínimo que podría ocurrirle. Además, cualquier desorden interno en un país caribeño crearía condiciones para que se ampliasen "bolsones" donde el negocio del narcotráfico obtuviese condiciones de impunidad para operar, por cierto, en dirección al mercado estadounidense. Como es común, un país en conflicto interno demanda armas, instructores, contrata mercenarios, obliga a militarizar las fronteras . . . en suma, desestabiliza.

Lo anterior explica, entre otras razones, la prontitud con la cual las fuerzas estadounidenses arribaron nuevamente a Haití en marzo de 2004 a solicitud de la ONU. La presencia de tropas francesas y canadienses se explica por las tradicionales preocupaciones de sus diplomacias en la problemática haitiana. La novedad fue que, en esta oportunidad, participaron tropas chilenas, las cuales por primera vez, en materia de operaciones de paz, actúan en el nivel de batallón. Con anterioridad sólo lo habían hecho como observadores o sectores. La rapidez del despliegue también llamó la atención. La denominada Fuerza Multinacional evitó un enfrentamiento que pudo haber resultado en una guerra civil o en una catástrofe humana.

El pronto compromiso de Chile, unido a la voluntad brasileña y argentina de asumir un papel sustantivo en la fase de "cascos azules" de la operación (a los tres meses de iniciadas las tareas de la fuerza multinacional), posibilitó un gradual repliegue estadounidense. De forma progresiva, las unidades estadounidenses fueron reemplazadas por tropas brasileñas en la capital haitiana, y el general Elena Pereyra asumió el mando militar de las fuerzas de la ONU en Haití. Junto al contingente brasileño se hicieron presentes tropas chilenas y argentinas. El repliegue estadounidense fue acompañado también por el retiro de los efectivos canadienses y franceses que operaron en la primera fase.

En tiempos de la Guerra Fría, las tropas estadounidenses se desplazaron en innumerables ocasiones hacia el sur del continente. Por el contrario, sólo la participación de tropas brasileñas en la Segunda Guerra Mundial alcanzó una dimensión significativa de apoyo. En sus diversas incursiones en América Latina las fuerzas estadounidenses generalmente fueron de respaldo a sus aliados locales. Por cierto, desde sus momentos fundacionales, Estados Unidos dejó en claro que no estaba dispuesto a aceptar la presencia de otra potencia en la región. Si esto era válido para toda la región, lo era en especial para sus vecinos más inmediatos, y el Caribe es uno de ellos.

Sin embargo, hoy la presencia de fuerzas sudamericanas en el mar Caribe no genera ni preocupación ni incomodidad al Pentágono. En cambio, el gobierno estadounidense y sus principales agencias han sido pródigos en reconocer la cooperación sudamericana en la pacificación de Haití. Varias razones podrían explicar lo anterior. En primer lugar, se trataría de implementar un mandato expresado en la resolución respectiva del Consejo de Seguridad de la ONU en la que hay plena coincidencia. En segundo término, "despeja la pantalla" de las preocupaciones del Pentágono para poder concentrarse en su esfuerzo central: el Golfo Pérsico. Esto no debe interpretarse como un movimiento mediante el cual Estados Unidos "se retira de Haití", sino, más bien, que pasa de un esfuerzo militar a uno eminentemente político y diplomático. Al back cauces [grupo que defiende los intereses de los negros] del Congreso estadounidense le interesa que el tema no pase al olvido, y no es un dato menor subrayar que el actual primer ministro Latortue, ex funcionario internacional, residiera con anterioridad en Miami.

La inestabilidad haitiana no es la única preocupación de Estados Unidos en el Caribe. Desde hace tiempo, el narcotráfico y la inmigración ilegal constituyen focos de atención. Cuba ya no representa un peligro, no tiene el paraguas soviético de antaño y desde hace tiempo el régimen cubano busca la forma de integrarse al continente e incrementar su comercio. Dos ejemplos: 1) en Haití hay más de 400 médicos cubanos que ingresaron en años anteriores, y 2) el acuerdo migratorio entre Estados Unidos y la Isla funciona con eficiencia. Además, aparte de la acción de las respectivas dependencias (la Agencia de Combate a las Drogas -- DEA, por sus siglas en inglés y Migración), el eficiente desempeño del Servicio de Guardacostas permite neutralizar las amenazas aludidas.

En este punto es preciso advertir que la presencia sudamericana constituye una de las primeras (sin duda, la más importante) acciones de cooperación provenientes "del sur". No es arriesgado decir que, desde los tiempos de los libertadores, las fuerzas latinoamericanas no se combinaban tras propósitos comunes. La cooperación permite lograr la estabilidad de un país caribeño en beneficio de su propia población y, de paso, de los demás países de la región. Por ello, Estados Unidos no ve con malos ojos esta acción; por el contrario, parecería que tiende a consolidar la necesidad común de asegurar una región estable y libre de conflictos.

BRASIL Y SUS VECINOS

Desde hace tiempo Brasil ha manifestado su interés en participar más activamente en los temas de la agenda global. Su experimentada diplomacia se ha movido en esa dirección con coherencia estatal. Entre otros aspectos, ello se refleja en su demanda por ocupar un asiento permanente en el Consejo de Seguridad.




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