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Tras la búsqueda de El Dorado. El TLCCA con Estados Unidos
Pablo Rodas-Martini
De Foreign Affairs En Español, Octubre-Diciembre 2004

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Resumen: El enorme mercado de Estados Unidos se convirtió en el tesoro prometido por George W. Bush a Centroamérica con la propuesta de un tratado de libre comercio. Sin embargo, El Dorado no representa sino un calco precipitado de los tratados similares con México y Chile que no alcanzará el mismo crecimiento económico. Aunque la promesa de la renegociación hecha por John Kerry parece más atractiva, la lucha por la ratificación, sea con Bush o con él, podría convertirse en una pesadilla.

Pablo Rodas-Martini es doctor y maestro en Economía por la Universidad de Londres. Dirige el Programa Centroamerica en la Economia Mundial del Siglo XXI, el cual es apoyado por IDRC y ASIES. Tambien se dedica a la consultoría independiente.

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Cuando México concluía su adhesión al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), Centroamérica y el Caribe tocaron con insistencia a la puerta de la Casa Blanca. Estos pequeños países pedían la llamada Paridad TLCAN: que sin ser parte del tratado se les otorgara condiciones de acceso hacia el mercado de Estados Unidos similares a las que tendría México.

Centroamérica y el Caribe temían que ocurriera lo que la teoría económica conoce como distracción de comercio: México podría desplazarlos en la exportación de determinados productos, pues tendría la ventaja de la desgravación arancelaria. La Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC) -- aprobada por la administración Reagan en agosto de 1983 -- se juzgaba insuficiente para compensar el empujón que recibirían las exportaciones mexicanas.

El gobierno de Clinton, sin embargo, que había transpirado tanto por la aprobación del TLCAN en el Congreso y que no había logrado la posterior renovación de la legislación de vía rápida (o fast-track), optó por desoír las peticiones centroamericanas y caribeñas. Conforme pasaron los años, estas regiones perdieron la esperanza y no insistieron más. Se conformaron con el acceso preferencial que les otorgaba la ICC, y como alternativa procedieron más bien a negociar tratados de libre comercio (TLC) con otros países. Fue así como firmaron acuerdos con México, Chile y entre ellos mismos: Centroamérica y República Dominicana, Centroamérica y Panamá, Costa Rica y Trinidad y Tobago, y Costa Rica y la Comunidad del Caribe (Caricom).

En enero de 2002 Centroamérica fue tomada por sorpresa. El presidente George W. Bush, en un discurso pronunciado ante los embajadores de la Organización de Estados Americanos en Washington, D.C., anunció la disposición de su gobierno por suscribir unos TLC con Chile y Centroamérica. El primero ya se encontraba en proceso de negociación, pero no se sabía de las intenciones de negociar con Centroamérica.

La noticia corrió como reguero de pólvora en Centroamérica y desde entonces no ha dejado de ocupar titulares en la prensa regional. Los gobiernos comenzaron a abrigar la esperanza de que el Tratado de Libre Comercio con Centroamérica (TLCCA) fuese el milagro económico que estimulara un crecimiento exponencial de la inversión extranjera directa (IED) hacia la región. Los sectores privados tomaron la noticia con gran entusiasmo o con gran preocupación, dependiendo de si su sector tenía potencial exportador o si podía ser objeto de competencia estadounidense en el mercado interno. La sociedad civil reaccionó con más lentitud pero, en general, la preocupación y el temor han predominado: un TLC con Estados Unidos se aprecia como algo tan grande y con tantas aristas que no se termina de comprender plenamente.

Ahora Estados Unidos ha ofrecido a Centroamérica un TLC completo, ya no un trato preferencial como la ICC, ni un trato ambiguo como la Paridad TLCAN. A principios de 2004, sin embargo, Centroamérica y la República Dominicana creían que el TLCCA sería aprobado en el transcurso del año y que entraría en vigor en enero de 2005. La elección presidencial en Estados Unidos los ha hecho esperar; mientras tanto cruzan los dedos con la esperanza de que el Congreso de Estados Unidos dé finalmente su visto bueno.

Aquí se analizan los principales sacrificios hechos por Centroamérica para arribar al TLCCA. El primero fue la aceptación de las reglas del juego dispuestas por Estados Unidos. Una negociación de sólo un año y que se basó completamente en los objetivos establecidos en la Autoridad de Promoción Comercial (TPA, por sus siglas en inglés). El segundo consistió en aceptar el deseo de Estados Unidos de "simplificar" la negociación a través de lo que en numerosas áreas fue un calco del TLC negociado con Chile. Tercero, conforme la negociación fue avanzando se fue haciendo evidente que el TLCCA no llegaría a provocar un ingreso masivo de IED, como sí ocurrió en el caso mexicano. Finalmente, el TLCCA quedó en un impasse debido a la elección presidencial estadounidense. John F. Kerry ya ha señalado que de ganar la presidencia procedería a renegociar el tratado.

Centroamérica, por tanto, sigue en una búsqueda incierta de "El Dorado". El ansiado acceso ilimitado al mercado estadounidense se le ha convertido en una ruta larga, ardua y repleta de incógnitas.

LA AGENDA Y LA DECISIÓN EN EL CONGRESO ESTADOUNIDENSE

Cuando se anunció el tratado con Estados Unidos, numerosos sectores en Centroamérica creyeron ingenuamente que el tema migratorio podía incluirse en la agenda de negociación. La emigración centroamericana hacia Estados Unidos aumenta a un ritmo acelerado. La tasa de emigración es incluso más elevada que la de México, aun cuando en términos absolutos haya más mexicanos que centroamericanos que viven en Estados Unidos. Según el censo de población de Estados Unidos de 1970, por cada 100 residentes nacidos en México había cerca de 11 nacidos en Centroamérica; de acuerdo con el censo de 2000, por cada 100 mexicanos ya había más de 28 centroamericanos.




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