|
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
La transición invisible. Sociedad y cambio político en Cuba.
Velia Cecilia Bobes y Rafael Rojas (coords.),
México,
Océano,
2004,
292 pp.
MN$210.00
Reseñado por Martha Caballero Abraham, Foreign Affairs En Español, Octubre-Diciembre 2004
Para algunos, Cuba es el último reducto de los ideales del siglo XX; para otros, el predio de la dictadura castrista, y, para otros más, un lugar al que sus padres (e incluso ellos mismos) llaman, desde la distancia, "hogar". Al referirse a Cuba es inevitable que venga a la mente la figura de Fidel Castro; sin embargo, al igual que el mundo, ni Cuba ni Fidel son lo que eran hace casi 40 años. Aún firme en su puesto, el comandante Fidel Castro participa y aguarda el desenlace de una guerra que, sabe, no puede ganar. La naturaleza, los hechos y los resultados de esta lucha son la causa del libro La transición invisible. Al pensar en una dictadura, ya sea personal o de partido, la concepción de la sociedad es monolítica, agrupada alrededor de una figura, una institución o una ideología, o ambas. En el caso cubano, la imagen se forma con tres elementos: Fidel Castro, el Partido Comunista Cubano y el socialismo. Si bien es difícil afirmar que esta concepción hubiese sido suficiente hace unas décadas para definir al Estado cubano, hoy es totalmente errónea. La Cuba actual está constituida por estos tres elementos tradicionales -- que a su vez han cambiado con el correr de los años y las nuevas circunstancias -- , así como por el resurgimiento de otros elementos que habían sido diezmados y perseguidos, como los cultos religiosos, los grupos de derechos humanos, la pequeña y mediana empresa, etc. Asimismo, el régimen castrista se ha visto obligado a replantear su economía, sus fuerzas armadas, su Constitución e, incluso, su ideología, que ha pasado del marxismo-leninismo al nacionalismo revolucionario. Sin embargo, como bien atinan en señalar los diversos autores del libro, tampoco es adecuado presuponer que las transformaciones gestadas en el régimen derivarán en una transición hacia la democracia liberal. Es cierto que, a raíz del final de la Guerra Fría y la disolución del nexo URSS-Cuba, se han dado cambios (signo de apertura) como la posibilidad de abrir ciertos ámbitos a la inversión extranjera directa, la reducción de las fuerzas armadas y una mayor importancia de la Asamblea General del Poder Popular. Incluso se han adaptado instancias económicas para abrir la economía a la recepción de remesas provenientes de cubanos exiliados. Esto, además, ha implicado el reto de encontrar la manera de distinguir entre la "Mafia de Miami" y los familiares generosos que ayudan a su gente dentro de la Isla por las precarias condiciones que sufren, en parte, por el boicot económico estadounidense. Sin embargo, no todo ha sido tolerancia y cambio. Prueba de ello son la disolución del Centro de Estudios de América -- conformado por intelectuales surgidos del régimen pero con una mentalidad crítica, aunque no precisamente contrarrevolucionaria -- , la depuración de los mandos militares, la negativa a aceptar el Proyecto Varela y, finalmente, la enunciación del "carácter irrevocable" del socialismo para Cuba. Otras cosas han permanecido constantes, como el antagonismo con Estados Unidos, ejemplificado con el caso de Elián González, y la reafirmación nacionalista sustentada en la amenaza que este país representa. Un velero sin rumbo es la imagen que transmite La transición invisible; pero no por ello incomprensible. El futuro de Cuba es, como hasta hoy ha sido su pasado, un hito, sobre todo en América Latina, que se rebela contra los designios de la potencia hegemónica al heredar y adaptar una propuesta socialista y hacerla funcional más allá de la desintegración de la URSS. Cuba sigue reinventándose. El cambio económico apunta a la apertura y la liberalización de los mercados; el cambio dentro de la sociedad radica en la búsqueda de una mayor libertad, y el cambio político -- cuyo clímax se alcanzará sin duda cuando fallezca el comandante Castro -- dependerá de la capacidad de negociación y flexibilidad que el régimen herede de su hábil dirigente, lo cual no implica necesariamente que se llegue a la tan ansiada democracia liberal. Pese a quien le pese, Cuba es un escenario alternativo inserto en el destino de América Latina, un reto para Estados Unidos y una oportunidad para todo aquel que esté interesado en atestiguar los complejos procesos políticos y sociales que ya han comenzado. Así, aunque la transición parezca invisible, debemos prepararnos para ser testigos de otra revolución histórica en nuestro tiempo.
|
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Publicado por el ITAM. Derechos de Autor c2003 reservados para el Council on Foreign Relations. Políticas de privacidad | |