Los estados débiles y sin gobernabilidad siempre han sido una característica del moderno sistema de Estado, pero por lo general Occidente los ha ignorado o los ha enfrentado como si se tratara de una crisis humanitaria. En una era de globalización en la que el terrorismo, la delincuencia y la enfermedad no conocen fronteras, se han convertido en un asunto internacional de primer orden. En este libro breve y mesurado, Fukuyama ofrece la reflexión más sucinta y lúcida de este desafío que todavía está por aparecer, y su mensaje no es optimista. Los expertos en políticas han debatido con energía el alcance apropiado del Estado, pero se ha prestado mucho menos atención a la fortaleza o la capacidad del Estado: la capacidad del gobierno de mantener la ley y el orden y proteger los derechos de propiedad. De este modo, Fukuyama observa los pasos en falso y los malentendidos de la comunidad internacional del desarrollo, la cual apenas hace poco comprendió lo obvio: que una condición para el avance económico es contar con instituciones políticas estables y que funcionen debidamente. No obstante, su argumento más importante es que los actores externos tienen pocas posibilidades de ayudar a los países a fortalecer su capacidad de Estado, y a menudo emprenden medidas que en realidad debilitan a las instituciones políticas. Por otra parte, indica que en algunos de los casos más graves la única opción es un regreso al sistema neocolonial o de mandato, pero tales medidas chocan con las normas globales actuales de soberanía.