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Surinam, las Antillas Holandesas y los Países Bajos Dirk Kruijt y Wim Hoogbergen De Foreign Affairs En Español, Abril-Junio 2004 Resumen: Al término de la Segunda Guerra Mundial el Reino de los Países Bajos experimentó un proceso de descolonización. Y entonces quedó conformado por "tres países autónomos": Holanda continental, Surinam y las Antillas Holandesas. En 1975 Surinam obtuve su independencia y vivió un proceso de inestabilidad política y económica cercana a la ingobernabilidad, parecida a la de otros países de América Latina. En las Antillas Holandesas los habitantes se sienten caribeños autónomos, pero prefieren el pasaporte y los subsidios neerlandeses. Dirk Kruijt es profesor de Estudios sobre el Desarrollo en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Utrecht. Escribe sobre la pobreza y la exclusión social, las relaciones cívico-militares y la violencia, y las condiciones del estado poscolonial. Recientemente publicó un informe sobre los efectos de largo plazo de la ayuda bilateral entre los Países Bajos y Surinam. Asimismo, fue codirector de un estudio holandés-antillano sobre pobreza e inmigración. Wim Hoogbergen es profesor adjunto de Antropología e Historia del Caribe en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Utrecht. Es el director editorial de OSO, publicación periódica de estudios sobre Surinam. Ha publicado sobre la historia de las sociedades cimarronas y las relaciones étnicas en las tres Guayanas.
DESCOLONIZACIÓN Y AUTONOMÍA Al terminar la Segunda Guerra Mundial, el Reino de los Países Bajos (Holanda) enfrentó un repentino proceso de descolonización. En los primeros días de esa conflagración, el gobierno y la casa real habían buscado refugio en Inglaterra. Entre 1940 y 1945, el ministro holandés encargado de la administración colonial enviaba sus directrices desde Londres. En 1942 las fuerzas armadas japonesas habían ocupado la colonia principal, las Indias Orientales (la actual Indonesia), archipiélago que en la década de 1940 tenía unos 70 millones de habitantes. A partir de aquel año el gobierno holandés sólo tuvo autoridad en las Indias Occidentales: Surinam (ex Guayana Holandesa, colonia casi olvidada y situada entre la Guayana Francesa y la Guyana Británica) y las Antillas Holandesas, seis islas en total, tres situadas frente a la costa de Venezuela y tres al este de Puerto Rico. El dominio holandés era relativamente simbólico en los años de la guerra: eran militares estadounidenses los que protegían los intereses estratégicos de los aliados en el Caribe. Las principales islas de la colonia holandesa del Pacífico fueron administradas por el ejército japonés hasta 1945, cuando Japón ya vencido y antes de rendirse a los aliados, otorgó ese año la independencia al gobierno nacionalista encabezado por Sukarno y Hatta. Entre 1946 y 1947, los Países Bajos trataron de restablecer el dominio territorial enviando tropas y ocupando las ciudades grandes de la isla principal de Java, a un costo de pérdidas humanas de 150,000 indonesios y 5,000 holandeses. Sin embargo, por presiones económicas y políticas anglosajonas el gobierno de La Haya entabló negociaciones sobre la independencia. Los negociadores indonesios rechazaron la propuesta de un tipo de commonwealth al estilo británico e indicaron que preferían una independencia completa. La declaración de independencia de Indonesia fue en 1949, pero los Países Bajos siguieron administrando la parte occidental de Nueva Guinea, isla que había conocido un régimen especial durante la época colonial. Sin embargo, en 1961, la presión militar de Indonesia y la presión política de Estados Unidos condujeron a la entrega de la última parte colonial en Asia al gobierno de Yakarta. Durante su exilio en Inglaterra, el gobierno holandés había sostenido en 1942 una prolongada discusión interna sobre el futuro del imperio colonial en la época posbélica. A finales de 1942 la reina Guillermina anunció por radio un régimen de "nueva unidad" basada en la "autonomía interna". La interpretación actual es que el mensaje se dirigía esencialmente a las colonias de Asia. En 1948 se inició un ciclo de negociaciones trasatlánticas entre los gobiernos neerlandés y de las partes restantes del imperio (Surinam y las Antillas Holandesas, que en conjunto tenían una población de unas 300,000 personas). Las negociaciones duraron casi seis años y fueron alimentadas tanto por la saudade por el desaparecido imperio colonial como por el deseo de borrar la mala reputación internacional que el Reino de los Países Bajos había adquirido como descolonizador sangriento en Asia. Durante las tres siguientes décadas, los Países Bajos tratarían, en la medida de lo posible, de evitar la imagen de una nación neocolonial y de ganarse un prestigio de donante generoso en el contexto de la cooperación internacional. El deseo de establecer una reputación limpia en el contexto internacional se vio reflejado también en el Estatuto, el nuevo código que regiría a partir de 1954 las relaciones entre "tres países autónomos" del Reino de los Países Bajos: Holanda continental, Surinam y las Antillas Holandesas. Considerado en retrospectiva, el Estatuto se daba atribuciones exageradas, pues estaba diseñado para las relaciones internas de un gran imperio, con previsiones para una unión de "gobiernos federales" de países grandes. Los "tres países integrantes" suscribieron un tratado de "mutua confianza" que implicaba una "autonomía interna", una "comunidad de intereses" y la defensa y las relaciones exteriores bajo la responsabilidad de Holanda continental. No se discutieron otras opciones para una futura independencia. Las relaciones coloniales fueron sustituidas por lazos de cooperación internacional donde Holanda continental actuaría como donante. Entre 1954 y 1975 el Estatuto funcionó básicamente como instrumento de transferencia de fondos y de justificación de la presencia de pequeños contingentes holandeses de administradores y militares en las antiguas colonias. El interés de la madre patria en sus dependencias caribeñas no había sido muy grande hasta la independencia de Indonesia. En la década de 1870 Holanda había tratado de vender las islas de Aruba, Bonaire y Curaçao a Venezuela. El mero hecho de que en la década de 1920 se hubieran establecido grandes refinerías de petróleo en las islas-puertos de Aruba y Curaçao había despertado el interés de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, a partir de los años cincuenta las Antillas Holandesas y Surinam comenzaron a recibir cada cual 5% del presupuesto holandés para la cooperación internacional. Por otro lado, a finales de los cincuenta comenzó a declinar la economía petrolera en las Antillas. Gradualmente tanto Surinam como las Antillas Holandesas comenzaron a depender de los fondos que los Países Bajos otorgaban en forma de transferencias para apoyar planes quinquenales (Surinam) o anuales (Antillas Holandesas). Entre los años sesenta y setenta creció el volumen del sector público en ambos países hasta llegar a proporciones de entre 30 y 40% de la población económicamente activa (PEA) nacional. En La Haya se administró la cooperación mediante un pequeño directorio de "asuntos de ultramar", incorporado a la cartera del viceministro presidente que era, al mismo tiempo, "ministro encargado del Caribe". En 1969 ocurrió un incidente que acarreó grandes consecuencias. Un conflicto laboral en Willemstad, capital de las Antillas Holandesas, provocó un enfrentamiento con la policía. Hubo muertos y heridos y, ante la ausencia del gobernador y del ministro presidente de las Antillas, las fuerzas policiales solicitaron la ayuda de la infantería holandesa. Llegaron centenares de soldados para restablecer el orden. En enfrentamientos adicionales la población incendió un barrio turístico de la capital. En la opinión pública holandesa se inició un debate con reminiscencias de la intervención militar en Indonesia. El gobierno de La Haya instaló una comisión de investigación, cuyas conclusiones y recomendaciones condujeron a una nueva serie de deliberaciones tripartitas sobre una posible independencia para los años setenta. Después de nuevas elecciones en Surinam su nuevo ministro presidente, líder de una coalición que había obtenido una pequeña mayoría electoral, anunció sorpresivamente la intención de independizarse al cabo de dos años. Al mismo tiempo el gobierno en La Haya había cambiado, encabezado por socialdemócratas, que resolvieron favorecer la independencia. Las negociaciones duraron dos años y el resultado fue la proclamación de la independencia nacional de Surinam, sin plebiscito, pero suavizada por un convenio de cooperación financiera de 3,500 millones de florines (1,600 millones de euros). El gobierno de las Antillas Holandesas, por otro lado, estuvo en contra de una independencia negociada. Los antillanos solicitaron y obtuvieron más cooperación a cambio de una posible independencia en un futuro lejano. Los acontecimientos en Surinam de los años siguientes terminaron con cualquier inclinación de independizarse en el corto plazo. SURINAM INDEPENDIENTE En 1975, en el momento de su independencia, Surinam presentaba uno de los ingresos per cápita más altos del continente. Los impuestos sobre la exportación de alúmina, el producto principal de la economía extractiva del país, y la garantía prolongada de fondos de cooperación bilateral de Holanda parecían asegurar un camino hacia la prosperidad y el bienestar. Uno de los convenios firmados en el marco de la independencia era el arreglo sobre la nacionalidad neerlandesa. Muchos habitantes (unos 100,000) se valieron de este convenio para afincarse en los Países Bajos y optar por la nacionalidad neerlandesa. El flujo migratorio hacia la madre patria alcanzó cifras extraordinarias en los primeros años después de la independencia. El éxodo masivo tuvo como resultado que, a la fecha, la población nacional de Surinam sea de alrededor de 480,000 personas, mientras que en Holanda viven otros 320,000 personas de ascendencia surinamesa, pero con la nacionalidad y la residencia neerlandesas. La gran emigración tuvo también efectos para el sector público. En 1974, un año antes de la independencia, comprendía a unas 25,000 personas. A finales de 1978 había crecido hasta unos 36,500 empleados públicos. Después aumentó mucho más lentamente, pero manteniendo el mismo volumen de 45% del empleo nacional. La pérdida de cuadros clave y el reclutamiento de personas cada vez menos calificadas profesionalmente al servicio del estado llegaron en los años ochenta a formar un gran sector, pero también deficiente en términos de capacidad administrativa. En realidad, de los años ochenta a la fecha, el sector público cumple también funciones de desempleo disfrazado: la gran mayoría de los funcionarios registra su entrada en la mañana, luego regresa a su casa y se dedica a actividades de supervivencia en el sector informal, el principal mercado de trabajo en Surinam. Una de las características de la cultura política del país era y sigue siendo la provisión de empleo sin mayor costo o inversión a los agrupamientos electorales, cuyas principales partes constituyentes forman un complicado mosaico étnico-religioso de criollos (negros o mulatos, católicos y protestantes), indostaneses (descendientes de indios, en su mayoría hindúes) y javaneses (descendientes de indonesios, en su mayoría musulmanes). La cultura política preserva los rasgos de clientelismo y distribución de favores. La lengua administrativa y jurídica sigue siendo el neerlandés, lengua que también es la del sistema educativo, desde la escuela primaria hasta la universidad. Otro convenio en el contexto de la independencia fue la creación de un pequeño ejército nacional, cuyo cuerpo de oficiales y de suboficiales era reclutado entre las filas de (pocos) oficiales y (sobre todo) suboficiales de las fuerzas armadas neerlandesas. En Surinam fueron asesorados por uno de sus ex comandantes, que en ese momento desempeñaba el papel de agregado militar en la embajada de los Países Bajos en Paramaribo. Un nuevo conflicto laboral, agravado por la actuación de la policía pero apoyado por un considerable segmento del público, se convirtió en un golpe de Estado en 1980. Una decena de sargentos, poco tiempo después promovidos al rango de mayores, comandantes y un coronel, se encontró de pronto con el poder político. En sus primeros 25 años de independencia, Surinam padeció dos golpes de Estado y varios intentos de golpes palaciegos; tuvo siete gobiernos civiles y siete gobiernos cívico-militares entre 1975 y 2000. La simpatía popular después del golpe de 1980 perduró un año y medio. Los militares invitaron a un respetado médico, Chin A. Sen, a encabezar el nuevo gobierno y este gabinete inicialmente también encontró simpatía en Holanda. Sin embargo, los militares, cuyo jefe era el ex sargento mayor y entonces mayor (y después coronel) Bouterse, presionaron por una ruta más aventurera, radical y anticapitalista. Enfrentados a una creciente oposición y a un clima de tensiones y rumores, mataron a 15 de sus opositores civiles en diciembre de 1982, la mayoría de ellos respetados abogados, periodistas y políticos. La matanza significó una división política: el Reino de los Países Bajos suspendió de inmediato (con el beneplácito de los partidos políticos tradicionales de Surinam) la cooperación bilateral, y los simpatizantes y antagonistas comenzaron a unificarse en dos campos. Bouterse, el comandante militar, asumió también la función del ejecutivo y gobernó con una serie de gabinetes cívico-militares de diferente composición: con empresarios, con ministros representantes de los sindicatos, con políticos de la izquierda, con ministros de la derecha. Al lado de las fuerzas armadas (entre 1,500 y 2,000 elementos), contó con unos 4,000 a 5,000 "milicianos populares" en los años ochenta. La presión de los países vecinos, sobre todo de Brasil, condujo a una posición internacional menos radical. El desmoronamiento político interno contribuyó a negociaciones (primero secretas, luego públicas) con los líderes políticos de los partidos tradicionales, o sea de los criollos, los indostaneses y los javaneses. A todo eso se agregaba una guerrilla interna, encabezada por el ex sargento Brunswijk, uno de los anteriores guardaespaldas del jefe militar Bouterse. Brunswijk pudo reunir a muchos jóvenes (entre 1,000 y 1,500) de los pueblos cimarrones, descendientes de los esclavos refugiados que en el siglo XVIII habían adquirido autonomía política en el este de Surinam. En un principio la guerrilla fue financiada por fuentes privadas en los Países Bajos y contó con el apoyo de mercenarios y con la discreta asesoría de representantes de la inteligencia francesa. Un conflicto interno entre las fuerzas armadas, la guerrilla de los cimarrones y los paramilitares indígenas se expandió en el interior del país entre 1986 y 1992 y contribuyó a la muerte de por lo menos 300 personas, a la desaparición de aldeas enteras y a grandes flujos migratorios desde el interior a la Guayana Francesa, a la ciudad de Paramaribo y a los Países Bajos. Tras complicadas negociaciones entre los diferentes actores armados, en un principio con mediadores religiosos, luego entre representantes políticos y militares en Kourou (Guayana Francesa, en 1987) y por fin en Paramaribo con la asistencia de la Organización de los Estados Americanos (OEA), en 1992, se restableció la paz en los años noventa. No obstante, de hecho la guerra y la paz dejaron a gran parte del país (el interior y el este de Surinam) en calidad de un "no estado". En su mayoría, la población cimarrona se estableció en la Guayana Francesa y la presencia del sector público en el interior es básicamente simbólica. En la actualidad, en el este de Surinam se encuentran de unos 20,000 a 30,000 "garimpeiros" brasileños, que trabajan junto con la población cimarrona en los yacimientos clandestinos de oro.
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