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Surinam, las Antillas Holandesas y los Países Bajos
Dirk Kruijt y Wim Hoogbergen
De Foreign Affairs En Español, Abril-Junio 2004

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Resumen: Al término de la Segunda Guerra Mundial el Reino de los Países Bajos experimentó un proceso de descolonización. Y entonces quedó conformado por "tres países autónomos": Holanda continental, Surinam y las Antillas Holandesas. En 1975 Surinam obtuve su independencia y vivió un proceso de inestabilidad política y económica cercana a la ingobernabilidad, parecida a la de otros países de América Latina. En las Antillas Holandesas los habitantes se sienten caribeños autónomos, pero prefieren el pasaporte y los subsidios neerlandeses.

Dirk Kruijt es profesor de Estudios sobre el Desarrollo en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Utrecht. Escribe sobre la pobreza y la exclusión social, las relaciones cívico-militares y la violencia, y las condiciones del estado poscolonial. Recientemente publicó un informe sobre los efectos de largo plazo de la ayuda bilateral entre los Países Bajos y Surinam. Asimismo, fue codirector de un estudio holandés-antillano sobre pobreza e inmigración. Wim Hoogbergen es profesor adjunto de Antropología e Historia del Caribe en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Utrecht. Es el director editorial de OSO, publicación periódica de estudios sobre Surinam. Ha publicado sobre la historia de las sociedades cimarronas y las relaciones étnicas en las tres Guayanas.

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[continúa...]

Entre 1987 y 1992 se restableció el régimen democrático. El gobierno militar organizó en 1987 (después de una reforma constitucional que garantizó una amplia autonomía a las fuerzas armadas) elecciones generales. Para sorpresa de los militares, resulto triunfante la lista unificada de los partidos tradicionales. Entre 1987 y 1990 rigió un gobierno civil supervisado por los mismos militares que de 1980 a 1987 habían administrado Surinam. La economía estaba arruinada, en parte por la guerra que comenzó en 1986, y en parte por la gestión militar durante el gobierno de facto. La cooperación neerlandesa se reanudó en 1988, pero apenas tuvo efecto en 1992, tras complicadas negociaciones. Mientras tanto, el gobierno civil se sacudía lentamente la tutela militar, a pesar de su delicada situación por la expansión de la guerra interna del país. El descontento de los militares produjo un segundo golpe en 1990, seguido de una segunda suspensión de la cooperación neerlandesa. Un gabinete cívico "de negocios" organizó elecciones parlamentarias en 1992, que de nuevo fueron ganadas por la coalición de los partidos tradicionales. Las elecciones de 1996 resultaron en un empate. Una nueva coalición de partidos, entre ellos el de los ex militares tenía bastante peso, llegó al poder, con el ex coronel Bouterse como "asesor de Estado". La coalición se desintegró en los años siguientes y, en 2000, por tercera vez desde 1980, regresó la coalición de los partidos tradicionales. Las próximas elecciones están previstas para 2005.

Mientras tanto, en Surinam hay un inmenso sector público que tiene muy pocos cuadros competentes. Las fuerzas armadas cuentan, como dijo uno de sus comandantes actuales, "con la infraestructura de un club de boy scouts". La incapacidad técnica de la policía se pone de relieve en la débil confrontación con la economía clandestina. No es completamente absurdo preguntarse si Surinam no tiene las características de un estado sumido en la ingobernabilidad. A la fecha aún se discute si ha de haber una comisión de la verdad para la recuperación de la memoria de las dos últimas décadas. La mayoría de la PEA busca empleo en la economía informal, a cuyo lado se halla una economía diversificada de empleo ilegal: la explotación de oro en el interior, la tala ilícita de maderas en los bosques tropicales, el narcotráfico, la importación ilegal de medicamentos y automóviles, el transporte clandestino de personas indocumentadas, etc. Contrario al espíritu del proceso de globalización, en Surinam es el Estado el que, incluso según la constitución, dirige la economía con una planificación compulsiva. Desde los años noventa Surinam ocupa uno de los últimos lugares en la lista internacional de países atractivos para la inversión privada. Muchas familias reciben remesas de sus parientes radicados en los Países Bajos. La cooperación neerlandesa funcionó en los años noventa como "economía de reserva", pero los fondos comprometidos en 1975 están por agotarse. En la actualidad se están iniciando negociaciones sobre la futura relación bilateral.

LAS ANTILLAS HOLANDESAS

El "país" de las Antillas Holandesas se compone básicamente de zonas marítimas; hasta 1986 comprendía seis islas: tres islas de Sotavento (Aruba, Curaçao y Bonaire) y tres islas de Barlovento (San Martín, San Eustaquio y Saba), gobernadas desde Curaçao. De 1954 a 1986 contaba con un gobierno federal ("las Antillas de las Seis") y gobiernos insulares (las islas no tienen gobiernos municipales). En las décadas pasadas dos asuntos de tensión han amenazado su unidad política.

El primer factor es la complicada relación política interna. San Martín (una parte es antillana, otra parte integra uno de los Départements d'Outre-Mer franceses), San Eustaquio y Saba son de habla y cultura inglesa y se encuentran a una distancia de dos horas de vuelo de las tres islas de Sotavento. Aruba, Curaçao y Bonaire cuentan con la mayoría de la población y son de habla y cultura papiamentu, lengua que se relaciona con el criolo (especie de portugués africanizado que data de los tiempos de la esclavitud) de Cabo Verde. El gobierno federal y el sector público federal (establecido en Curaçao y compuesto por una coalición de intereses locales dominados por esta isla) mantienen tradicionalmente relaciones antagónicas con los gobiernos insulares y los servidores públicos locales. En 1986 el "colonialismo de Curaçao" provocó la separación de Aruba, que desde entonces mantiene una relación bilateral con los Países Bajos. A partir de ese año "las Antillas de las Cinco" (las islas restantes) constituyen, junto con los Países Bajos y Aruba, el tercer "país autónomo" del Reino.

El segundo factor es el paulatino deterioro económico de las Antillas, que acarrea varios efectos. La prosperidad antillana comenzó a declinar a finales de los años cincuenta, y el desempleo de la PEA subió rápidamente a 20%. La élite económica supo postergar el enorme abatimiento de las economías insulares hasta finales de los años setenta mediante alternativas como las operaciones bancarias off shore e inversiones en la infraestructura turística. Siempre hubo rumores de lazos con la economía ilegal, como el lavado de dinero, el narcotráfico y la corrupción política. Entre 1985 y 2004 tres importantes gobernantes antillanos o insulares recibieron sentencias de encarcelamiento. No es nada casual que en la actualidad las "embajadas internas" de los Países Bajos en Curaçao, Aruba y San Martín estén encabezadas por ex agentes del sistema de inteligencia de La Haya. Otra consecuencia del desarrollo económico negativo es el proceso de emigración a los Países Bajos, sobre todo de miembros de la clase media y de los jóvenes más pobres y desempleados. En la actualidad las Antillas y Aruba tienen unos 260,000 habitantes, mientras que unos 125,000 de sus familiares viven en Holanda. Se ve, paralelamente, una afluencia migratoria desde otras islas del Caribe (República Dominicana, Jamaica) y de Colombia a las Antillas. La cuarta parte de la población arubana es latina, un porcentaje menor pero considerable vive en la clandestinidad en Curaçao, y el número de inmigrantes indocumentados en San Martín es mayor que el número de habitantes antillanos. Éstos, junto con la parte criolla pobre (madres solteras y sus hijos, jóvenes sin escolaridad), forman una subclase antillana que está en aumento. El refugio económico popular consiste en buscarse un empleo informal o en el campo de las drogas. Paulatinamente barrios pobres enteros se están convirtiendo en pequeñas economías de narcotráfico, en las cuales están involucrados todos los miembros de familias extensas, desde los abuelos hasta los nietos, pasando por padres e hijos.

La relación con los Países Bajos es complicada, y dentro del Reino la autonomía se vigila minuciosamente. El pasaporte neerlandés, que permite la libre entrada a los países de la Unión Europea y el acceso a los derechos de la ciudadanía europea, es un bien muy preciado. La cooperación bilateral procedente de Holanda se considera un derecho ganado. Por otro lado, las exigencias administrativas de los Países Bajos causan irritación crónica en las filas de los gobernantes y servidores públicos antillanos. Hasta los años noventa los gobiernos sucesivos de La Haya querían llegar a una independencia negociada con las Antillas. La separación de Aruba y su transformación, en 1986, en un "país" dentro del Reino de los Países Bajos fueron aprobadas sólo a cambio de la promesa de la independencia dentro de un margen de 10 años. Sin embargo, el (segundo) golpe de Estado en Surinam en diciembre de 1990 significó un cambio de actitud en La Haya. El tema de una eventual independencia fue postergada sin mencionarse una fecha. El Reino de los Países Bajos propuso dividir "las Antillas de las Cinco" en tres islas de Barlovento (San Martín, San Eustaquio y Saba) y dos islas de Sotavento (Curaçao y Bonaire). En círculos del gobierno de La Haya se habló de planes para crear una especie de commonwealth caribeño; hasta podría ser que Surinam entrase en esta configuración. La relación bilateral con Surinam se resolvió en un nuevo pacto de cooperación internacional en 1992. En los años noventa se organizaron varios plebiscitos para los habitantes de las cinco islas antillanas. En cada cual resultó que la población, isla por isla, sigue optando por la nacionalidad neerlandesa. Por otro lado, está claro que la federación de "las Cinco" va desintegrándose poco a poco. Por su parte, las tres islas de Barlovento quieren una relación más directa con los Países Bajos y hasta los habitantes de la isla Curaçao (que provee, junto con la madre patria, la mayor parte de los ingresos del gobierno antillano) comienzan a sentir como un estorbo la continuidad de un "gobierno federal". La actual política de La Haya parte de una premisa igual: establecer lazos de comunicación directa con los gobiernos insulares y degradar, hasta el mínimo posible, el peso de las negociaciones directas con el gobierno antillano federal.

DISCUSIÓN

En las relaciones entre Surinam y los Países Bajos y entre las Antillas Holandesas y la madre patria han prevalecido las ambigüedades sobre la independencia o la autonomía, además del deseo explícito de continuar con la cooperación internacional. En el plano interno, la economía y el sistema político de Surinam ya iban cuesta abajo desde su independencia. El ejemplo de Surinam convenció a los gobernantes y habitantes antillanos del hecho de que una independencia completa sería una alternativa poco recomendable. Pero también el gobierno y la población de Surinam siguen prefiriendo una "relación especial" con los Países Bajos, 30 años después de su independencia formal. En ambos "países" se ha formado una comunidad trasatlántica cuyos miembros viven en Europa y en el Caribe. Remesas, visitas entre familiares, el traspaso de cuadros hacia Europa y la emigración de contingentes de antillanos pobres a las grandes aglomeraciones urbanas neerlandesas determinan la continuidad de dichos flujos migratorios. Es probable que este fenómeno no sea cualitativamente diferente de la situación entre Estados Unidos y Puerto Rico, Gran Bretaña y sus "territorios de ultramar" y Francia y sus Départements d'Outre-Mer: miniestados caribeños con relativamente pocos habitantes y un buen promedio de cooperación al desarrollo per cápita. Los habitantes se identifican con el Caribe, se sienten caribeños autónomos, pero prefieren el pasaporte y los subsidios de los estados que antes fueron sus colonizadores.




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