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La Mara Salvatrucha y el Barrio 18 St. Fenómenos sociales trasnacionales, respuestas represivas nacionales.
Wim Savenije
De Foreign Affairs En Español, Abril-Junio 2004

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Resumen: La Mara Salvatrucha y el Barrio 18 St. son los nombres de dos pandillas que se extienden desde América Central hasta Estados Unidos. Hasta ahora, las estrategias de los países centroamericanos sólo se han centrado en el arresto de jóvenes tatuados, símbolo de pertenencia a estas pandillas, sin importar si son delincuentes o no, y no se han atacado las causas sociales del problema. Es necesario que la solución a este problema involucre elementos de coordinación de políticas trasnacionales que incorporen tanto a Estados Unidos como a México.

Wim Savenije es investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso)-Programa El Salvador en el área de Juventud y Violencia. En este momento realiza investigaciones sobre violencia estudiantil y pandillas juveniles. El año pasado publicó junto con Katharine Andrade-Eekhoff el libro Conviviendo en la orilla: Violencia y exclusión social en el área metropolitana de San Salvador.

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[continúa...]

La realidad es que me fui para Estados Unidos porque alucinaba mucho. Decía: "¡No hombre!, yo voy a ir a Estados Unidos, voy a irme a traer mi carro, que esto y que lo otro". A la hora de la hora no me fui a traer nada, sino que más bien me fui a arruinar mi vida [ . . . ] o sea que no fui a superarme sino a arruinarme, a hacerme marero, a hacerme pandillero.

Él fue deportado a su país, sin automóvil ni dinero, con su sueño hecho pedazos y su cuerpo cubierto de tatuajes; retomó la vida pandilleril.

Al regresar a su país de origen, la nueva clase de pandilleros formados en las calles estadounidenses creó, transformó y difundió las maras. Sin embargo, eso no quiere decir que los deportados sean los únicos que están involucrados o los que dirigen las pandillas. Como lo indica un pandillero: "Han venido deportados, pero a algunos ya los mataron, otros se murieron de cualquier otra cosa, y quienes hemos sobrevivido somos nosotros, los jóvenes de aquí, y somos los que hemos seguido siempre". Lo cierto es que, sea como sea, tras recibir el influjo de los deportados, los jóvenes locales han absorbido la cultura pandilleril estadounidense y ahora se sienten parte de algo más grande e importante. Un pandillero lo explica así: "No importa de dónde vengamos. Puede ser de aquí [Honduras], de cualquier departamento, o puede ser de El Salvador, de Guatemala, o de Estados Unidos. Siempre y cuando sea un Salvatrucha, aquí es un miembro más de la familia".

En América Central las situaciones de marginación y exclusión social generan espacios físicos, sociales y psicológicos en los que organizaciones como las pandillas encuentran el lugar ideal para asentarse y desarrollarse. La falta de autoridades formales y un control social débil entre los vecinos, muchas veces causado por un ambiente en que la violencia es algo común, abre el espacio a que las pandillas entren o surjan y peleen por el poder en la comunidad.

Para los jóvenes que viven en los barrios pobres y marginados, la pandilla puede ser una fuente importante de pertenencia y reconocimiento, que difícilmente encontrarían de otra manera. Las pandillas compiten, sobre todo, por obtener una reputación de mara dominante, valiente y peligrosa, y por ende intentan demostrar una superioridad directa y clara sobre los rivales y los vecinos. Así, procuran ganarse el reconocimiento anhelado. En esa lucha de identidad, los actos de violencia son instrumentos para: 1) dominar a sus rivales; la rivalidad entre las maras es una lucha de vida o muerte, en la que acabar con un rival da prestigio al agresor; 2) atemorizar y controlar a los vecinos que habitan en su territorio para impedir que éstos actúen en su contra, y 3) obtener recursos económicos valiéndose de su renombre, por ejemplo reclamando dinero a la gente que entra o sale de la comunidad, exigiendo "impuestos de guerra" a las tiendas y las empresas, o simplemente asaltando a la gente. Los miembros individuales contribuyen a esa lucha pero, al mismo tiempo, pelean por una posición dentro de su propia clika y para ganarse el respeto de los demás miembros de la pandilla. Sin embargo, los costos de la pertenencia y el reconocimiento adquirido en las maras pueden ser enormes, pues sus miembros continuamente corren el peligro de ser atacados y asesinados por sus rivales.

Como ya se ha dicho, la Mara Salvatrucha y el Barrio 18 St. conforman estructuras trasnacionales, por lo que no se pueden aislar ni ser entendidas en el contexto de un solo país. Su existencia y sus actividades no cesan en las fronteras nacionales; sus ramas locales mantienen vínculos y comunicaciones entre sí. Las clikas forman redes organizadas bajo el nombre de MS o 18. Las actividades de las pandillas se inician y son sostenidas por esas redes y sus miembros. No obstante, el funcionamiento puntual de cada red es algo que las pandillas mantienen en secreto.

SITUACIÓN ACTUAL Y REACCIÓN POLÍTICA

Debido a los temores y peligros que generan entre la población, tanto la MS como 18 son consideradas como uno de los grandes problemas nacionales en El Salvador, Honduras y Guatemala. Para ilustrar los grados de preocupación que ejercen en sus países, basten algunos ejemplos de titulares de periódicos: "Recrudece guerra entre las maras. Rencillas de pandillas causan 10 muertes en los primeros días del año" (La Prensa Gráfica, San Salvador, 20 de enero de 2003); "Descuartizamientos: cacería sangrienta entre pandillas" (El Heraldo, Tegucigalpa, 18 de septiembre de 2003); "Pandillas, marcas de terror y muerte. Violencia de 'maras' mantiene en vilo a los guatemaltecos ante impotencia de autoridades" (La Prensa Libre, Guatemala, 8 de octubre de 2003). Según fuentes policiales, a finales de 2003, en Guatemala había 14,000 integrantes de las pandillas, en El Salvador 10,500, en Honduras 36,000, en Nicaragua 4,500, y en Costa Rica 2,600. Las dos pandillas mencionadas tienen mayor número de miembros en El Salvador, Honduras y Guatemala, países donde la policía y el ejército realizan operaciones conjuntas para combatir tanto la delincuencia en general como a las maras en particular. Al parecer esos gobiernos ven en las maras sólo fenómenos de la delincuencia.

Últimamente la Mara Salvatrucha ha mantenido una presencia fuerte en la zona fronteriza entre Guatemala y México, donde una de sus actividades más temidas es asaltar a quienes van en camino de emigrar a Estados Unidos. Los indocumentados, los que viajan escondidos en los trenes, los que cruzan la frontera usando cualquier método, como caminar grandes distancias, etc., son los más vulnerables a la rapiña de los pandilleros. El Diario de Hoy (San Salvador, 11 de diciembre de 2003) informa que: "En menos de un mes, la Mara Salvatrucha ha matado a tres indocumentados en dos asaltos a trenes, y ha dejado decenas de heridos en su intento por despojarlos de sus escasas pertenencias". Los pandilleros que operan en esa zona provienen aparentemente de diferentes países centroamericanos.

En el ámbito nacional, el Congreso Nacional de Honduras y la Asamblea Legislativa de El Salvador aprobaron leyes antimaras, que penalizan con varios años de reclusión la sola pertenencia a las pandillas. La única señal que utilizan los policías para reconocer a los pandilleros son los tatuajes y su manera de vestir. Sin embargo, muchos jueces en El Salvador consideran inaplicable la nueva ley, y la ven como una violación a la Constitución. En los primeros 100 días de la operación Mano Dura en El Salvador, la Policía Nacional Civil capturó a 4,407 pandilleros, 973 al amparo de la nueva ley. Sin embargo, de estos últimos, 62% fue sobreseído en ese mismo periodo, y solamente 7% recibió una instrucción de arresto.




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