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El actor controvertido. El Congreso de Estados Unidos y América del Norte..
Rafael Fernández de Castro y Robert A. Pastor (coords.),
México,
Miguel Ángel Porrúa/ITAM,
2001,
244 pp.
MN$150.00 (rústica) Reseñado por César Guerrero, Foreign Affairs En Español, Otoño-Invierno 2001
A pesar de la relativa simpatía entre las sociedades canadiense, mexicana y estadounidense, así como de la progresiva integración económica y social de América del Norte, a menudo el Congreso estadounidense trata a Canadá y México con un respeto que es menos que el debido. De los tres congresos, el estadounidense es el más poderoso y siempre ha estado profundamente interesado en influir en México y Canadá. El sistema del Congreso estadounidense fomenta una actitud más agresiva y promueve el localismo, a diferencia del mexicano (que inicia apenas su experiencia en el equilibrio de poderes) y del canadiense (que prefiere dialogar con su Ejecutivo sin aspavientos públicos). La versión en inglés de este libro fue publicada hace tres años por Brookings Institution. Agrupa a varios expertos sobre las relaciones entre los países del TLCAN. El localismo del Congreso estadounidense es independiente de su composición partidista y de su relación con el Poder Ejecutivo, según demuestra un análisis histórico de los coordinadores del libro y otro más de Norman Ornstein, sobre la composición y la dinámica de los congresos 103 al 105. El grado de participación de los congresistas estadounidenses es mayor en temas económicos que de seguridad, afirma I.M. Destler, quien investigó su comportamiento frente al comercio exterior. En el estudio de este complejo actor de la relación trilateral, la conclusión más relevante es que la integración económica continuará promoviendo fricciones que la harán escurridiza, a menos que se modifique el proceso de discusión en el Congreso de Estados Unidos. La cuestión está en saber cómo obtener lo mejor de él y a la vez desalentar comentarios o acciones ofensivas. Al final se propone que el Comité Económico Conjunto (JEC, por sus siglas en inglés: Joint Economic Committee) cree un subcomité para asuntos norteamericanos, el cual llevaría a cabo investigaciones de largo plazo; que este mismo subcomité realice y participe en audiencias de otros comités sobre temas que interesan a Canadá y a México y, por último, que se organicen reuniones triparlamentarias. De esa manera se podría destrabar la accidentada relación del Congreso estadounidense con sus vecinos. |
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