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La política de Brasil hacia las Américas
Monica Hirst
De Foreign Affairs En Español, Otoño-Invierno 2001

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Resumen: Históricamente Brasil ha cuestionado su identidad americana, lo que ha provocado que actúe defensivamente frente a sus vecinos. Ante el avance del regionalismo con el Mercosur, las asociaciones andinas y la posibilidad del ALCA, Brasil debe reflexionar sobre el liderazgo que asumirá en la región tomando en cuenta que ahora están presentes las condiciones que favorecen un mayor acercamiento con el exterior.

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¿Liderazgo brasileño?
By Sérgio Danese
Foreign Affairs En Español, Otoño-Invierno 2001

Monica Hirst es bachiller y licenciada en Historia por la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro y maestra en Ciencia Política por el Instituto Universitario de Pesquisas de Río de Janeiro (IUPERJ). Actualmente es directora ejecutiva de la Fundación Centro de Estudios Brasileños (Funceb), investigadora principal del área de Relaciones Internacionales y profesora en FLACSO y en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN). Es profesora invitada del Department of Government, de Harvard University; miembro del Comité de Evaluación del Programa de Seguridad Global y Cooperación del Social Science Research Council y del Comité de Relaciones Internacionales de la Asociación Brasileña de Ciencias Políticas. Es autora de libros y trabajos sobre las relaciones internacionales de América Latina, con especialización en el Mercosur, la política exterior de Brasil, integración regional y cuestiones de seguridad internacional.

Material original de Foreign Affairs en Español, Volumen 1, Número 3, Otoño-Invierno 2001

La agenda americana adquirió una importancia inédita para la política exterior de Brasil durante la última década. Con los avances del regionalismo, ya sea en su expresión subregional a través del Mercosur, sudamericana, o interamericana a partir del proceso negociador del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), surgen nuevos desafíos y oportunidades para ese país que lo obligan a "repensar" y recrear los términos de su presencia en el continente. Al mismo tiempo, la relación de Brasil con el resto de América es coherente con su historia y sus propios intereses. Si bien esa relación se volvió compleja debido al concurso de factores y presiones internacionales e internos, eso no impidió que el país buscase siempre preservar la especificidad de su inserción, lo que le confiere tanto medios de diálogo como de introversión.

EN LA GÉNESIS

Casi desde su nacimiento, la nación brasileña se cuestionó sobre su identidad americana. Ya durante su etapa formativa se debatía entre una vocación conservadora, proclive a preservar los lazos con la monarquía lusitana, un espíritu aventurero que le instigaba un sentido de parentesco con las experiencias republicanas vecinas y una precoz admiración por la trayectoria estadounidense, en la cual se combinaba un sentido de destino propio con una eficaz solución federativa.

A lo largo de su periodo imperial, la visión que las élites brasileñas tenían de sus pares sudamericanos estuvo dominada ya por una reacción defensiva o de rivalidad, por ambas, o por la apatía y la indiferencia. La equivocada interpretación sudamericana de que la solución institucional de fundación monárquica equivalía a una aspiración imperialista contribuyó a construir una barrera entre Brasil y sus vecinos. El breve interregno provisto por la necesidad compartida de formar una coalición intrarregional –instituida como la Triple Alianza (1865-1870)– se desvaneció rápidamente durante las negociaciones de paz de la Guerra del Paraguay. Con ello se regresó a la tan en boga receta del sistema de equilibrio de poder, especialmente eficaz para calmar los ánimos en la región del Plata. Por otro lado, Estados Unidos, a pesar de permanecer en el mismo lugar geográfico, se volvió cada vez más distante para la clase dominante brasileña, en especial después de 1865 con la victoria del norte antiesclavista, industrialista y modernizante.

Con la instauración del régimen republicano en Brasil a finales del siglo XIX (1889) se inició una nueva etapa en las relaciones con el resto de América. Además del parentesco político-institucional, se consolidó el espacio territorial del país con la demarcación definitiva de casi 14,500 kilómetros de fronteras, establecida mediante una sucesión de acuerdos diplomáticos. Si bien el país incorporó entre sus intereses la agenda panamericana, mantuvo siempre cierta ambigüedad sobre la naturaleza de su identidad sudamericana.

Al tener una relación más intensa con el continente, Brasil tuvo que estrechar paulatinamente sus lazos con dos socios –Argentina y Estados Unidos– que se convirtieron en sus dos agendas bilaterales más importantes. Con ello se desarrolló un triángulo que se convirtió, para siempre, en condicionante crucial de la política exterior brasileña, especialmente en los temas vinculados con la inserción americana de Brasil, tanto en contextos sudamericanos como latinoamericanos o interamericanos. A partir de esta triangulación se generó una dinámica en la que toda aproximación bilateral "en exceso" representaba un factor de tensión para el tercero. Curiosamente, no hay noticia de algún momento, real o virtual, en el cual se haya construido una coalición de intereses entre los tres países.

A lo largo de su historia, la relación Brasil-Argentina estuvo nutrida por cuestiones y episodios que a veces fomentaban sentimientos amistosos y otras atizaban rivalidades. De un lado: la fraternidad republicana, los intereses comunes frente a las potencias mundiales y el celo compartido por la paz –y más tarde la democracia– en el espacio sudamericano. Del otro: la memoria de la disputa territorial surgida en las primeras décadas del siglo XIX, los riesgos de un desequilibrio de poder en la Cuenca del Plata y la competencia entre ambas experiencias de desarrollo económico.

En el caso de las relaciones con Estados Unidos también sobrevinieron agendas de cooperación y conflicto. Ya durante la primera fase republicana (1889-1930), cuando se desarrolló una relación bilateral especialmente amistosa, existía la percepción de que las retribuciones estadounidenses no satisfacían las expectativas brasileñas. La caracterización de América Latina como área de influencia de Estados Unidos a partir de la Segunda Guerra Mundial, que luego se cristalizó durante la Guerra Fría, generó nuevas ilusiones para Brasil. No obstante, a lo largo de las tres décadas siguientes la realidad frustró esas expectativas y llevó a un alejamiento político entre ambos países. Vale mencionar que recientemente el Consejo de Relaciones Exteriores con sede en Nueva York elaboró un memorándum dirigido al presidente estadounidense, en el cual se recomienda enfáticamente a Estados Unidos abandonar su actitud negligente respecto de Brasil.




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