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La política de Brasil hacia las Américas Monica Hirst De Foreign Affairs En Español, Otoño-Invierno 2001 Resumen: Históricamente Brasil ha cuestionado su identidad americana, lo que ha provocado que actúe defensivamente frente a sus vecinos. Ante el avance del regionalismo con el Mercosur, las asociaciones andinas y la posibilidad del ALCA, Brasil debe reflexionar sobre el liderazgo que asumirá en la región tomando en cuenta que ahora están presentes las condiciones que favorecen un mayor acercamiento con el exterior.
Parecería que un liderazgo de Brasil depende de ciertos desdoblamientos cuya certidumbre no es totalmente clara en los tiempos actuales. La posibilidad de que el país se anticipase a las circunstancias históricas implicaría un cambio de "alma" en la política exterior brasileña, lo que llevaría al abandono de un patrimonio construido desde su etapa formativa en los años de gestión del Barón de Rio Branco. ¿Cuáles serían estos desdoblamientos? En el Mercosur, un liderazgo brasileño implica necesariamente su consolidación como Unión Aduanera. Sólo así podrá ligarse la continuidad del proyecto desarrollista de Brasil al de la integración regional, y será sólo en este caso que el país podría entusiasmarse con una institucionalización del Mercosur. En el espacio sudamericano, este liderazgo no podría prescindir de la plena aceptación de Argentina, su principal factor político legitimador. En el plano económico serían necesarios avances sustantivos en las negociaciones entre la Comunidad Andina y el Mercosur, así como resultados concretos en los proyectos infraestructurales que señalen nuevos potenciales de interdependencia sudamericana. En el campo de la seguridad, sería necesaria la coordinación de una acción diplomática regional para tratar de combatir eficazmente el narcotráfico, especialmente en el área andina. En estas condiciones, el protagonismo de Brasil en el ámbito hemisférico podría conducir a resultados más favorables para sus intereses. La posición brasileña se consolidaría en torno del debate acerca de si el ALCA podrá ser útil para retomar una estrategia de inserción económica externa basada en el binomio comercio-desarrollo. Para ello, los puntos más relevantes de la agenda de negociaciones serían: 1) el nexo entre inversiones y políticas industriales y transferencia de tecnología, y 2) las medidas compensatorias para las caídas acentuadas de precios de commodities y movimientos especulativos de capitales. Finalmente, no debe olvidarse que la cuestión del liderazgo suscita igualmente desafíos para otros actores no gubernamentales. En Brasil existe una opinión pública cada vez más favorable a que el país se vuelva más activo en el plano internacional. En este sentido, en ocasión de la Cumbre Sudamericana, hubo diversas muestras de apoyo. Para transformar esta tendencia en posturas concretas, se requiere una sociedad informada, una clase política esclarecida y empresarios audaces. También son necesarias la transparencia y la confianza entre el Estado y la sociedad. Como primer paso, deberían definirse demandas claras en el proceso negociador del ALCA, y corresponde a las entidades empresariales, partidarias y sindicales brasileñas promover la articulación de sus posiciones en el ámbito del Mercosur y posiblemente de América del Sur. Desde luego, el contexto democrático cumple una función vital en este proceso, lo que remite aquí a un último aspecto. Uno de los temas en la próxima contienda electoral (octubre de 2002) será la política internacional y particularmente la agenda americana. Curiosamente, el hecho de que las opciones internas se muevan sobre un eje ideológico restricto entre el centro-izquierda y la izquierda llevará a que, en Brasil, una vez más la política exterior produzca más consensos que disensiones.
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