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Canadá y América Latina: ¿amigos por siempre?
Maureen Appel Molot
De Foreign Affairs En Español, Otoño-Invierno 2001

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Resumen: Canadá muestra un creciente compromiso con América Latina a partir de la democratización del hemisferio y el interés por el plano regional. Los recursos que se destinen a fortalecer las relaciones con el resto del continente dependerán del grado de importancia que adquiera América Latina en la política exterior canadiense. La interrogante radica en qué tan duradera e intensa se quiere que sea la relación.

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Maureen Appel Molot es profesora y directora de la Norman Paterson School of International Affairs de Carleton University, en Ottawa, Canadá. Es editora fundadora de Canada Among Nations, un anuario de los temas de política exterior canadiense, cuyo volumen más reciente, "The Axworthy Legacy", se publicó en junio de 2001. Entre sus áreas de interés figuran asimismo la industria automotriz, el TLCAN y la integración económica Canadá-Estados Unidos.

Material original de Foreign Affairs en Español, Volumen 1, núm. 3, Otoño-Invierno 2001

La Cumbre de las Américas realizada en la ciudad de Quebec en abril de 2001 fue el último de una serie de encuentros hemisféricos ocurridos en Canadá durante los últimos años. Todos fueron muy difundidos y se les consideró una prueba concreta de un compromiso nuevo y serio de Canadá en su relación con América Latina. Algunos observadores de la cumbre de Quebec, que vino acompañada de escándalo y manifestaciones callejeras, evocaron una reunión similar de jefes de gobierno, miembros del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, realizada en Vancouver en noviembre de 1997. Esa cumbre fue la culminación del "Año Asia-Pacífico" de Canadá y debía proclamar la voluntad de ese país de continuar su compromiso con los estados y las economías de la región. Lo cierto es que la cumbre de Vancouver significó el comienzo del deterioro de la relación Canadá-Asia Pacífico; los vínculos no se estrecharon sino, por el contrario, decayeron. ¿Sucederá lo mismo con América Latina o las características particulares de la relación de Canadá con el hemisferio harán posible mantenerla por largo tiempo? El presente artículo sugiere que existe la posibilidad de que se preserve el compromiso canadiense con las Américas, aunque es demasiado prematuro afirmar con certeza que Canadá podrá sostener su presencia en la región. Con la excepción de los lazos con México –consecuencia del TLCAN– los vínculos de Canadá con el hemisferio están respaldados más por valores, por principios, que por intereses internos fuertes. Los valores son importantes, pero llevados al extremo podrían tener un efecto contrario. Además, pueden fortalecer una relación pero no construirla. Resta ver si la base de un vínculo canadiense sostenido con la región puede desarrollarse y cómo define Canadá la próxima etapa de su relación con América Latina, tomando en cuenta el nivel de actividad que puede mantener en términos realistas.

LA PARTICIPACIÓN DE CANADÁ EN LA REGIÓN

Si bien Canadá geográficamente forma parte de América, es muy reciente su participación más intensa en la región, más allá de sus lazos con Estados Unidos y el Caribe de la Mancomunidad Británica. América Latina fue considerada históricamente en Canadá como una región donde la influencia estadounidense es avasalladora y, por ende, incapaz de servir de contrapeso a los lazos crecientes de Canadá con su poderoso vecino del sur; asimismo, Ottawa también temía ser visto por los estados de la región como un apéndice o cómplice de Washington. Por otra parte, Canadá se adhirió formalmente a la OEA en 1990, aunque ya había hecho anteriormente aportes financieros a la organización.

Una serie de factores contribuyeron a la decisión de Canadá de convertirse en un participante más activo en los asuntos hemisféricos. El primero fueron los cambios evidentes en los sistemas regional y global: el fin de la Guerra Fría, la importancia cada vez mayor de la economía en la política exterior y el reemplazo de los gobiernos militares en muchos estados latinoamericanos por regímenes con vocación democrática. En segundo lugar, influyó también el creciente interés en los acuerdos económicos regionales y las consiguientes presiones del sector privado canadiense para abrir los mercados. Finalmente, en tercer lugar, está la participación de las organizaciones no gubernamentales canadienses, algunas presentes en la región desde hace mucho tiempo, las cuales presionaron al gobierno para que preste más atención a las cuestiones de los derechos humanos y de la gobernabilidad en el hemisferio.

Una vez que Canadá decidió mirar al sur, emprendió con entusiasmo su actividad en el hemisferio. Su interés nació en el Partido Conservador en tiempos de Brian Mulroney y se desarrolló con los liberales encabezados por Jean Chrétien, cuando éstos formaron el gobierno después de las elecciones canadienses de octubre de 1993. Con su incorporación a la OEA, Canadá se convirtió de inmediato en el segundo mayor donante de recursos económicos a la organización. De hecho, Canadá abogó intensamente por la creación de la Unidad para la Promoción de la Democracia (UPD) de la OEA y aportó los dos únicos directores de esa entidad. Un importante ejemplo del énfasis en la democracia que ese nuevo organismo hizo surgir en la OEA pudo verse luego de las elecciones presidenciales de mayo de 2000 en Perú. Antes de esos comicios, la UPD emprendió una serie de programas para fortalecer la democracia en Perú. Canadá brindó apoyo financiero a una serie de organizaciones no gubernamentales, así como a la Misión de Observación Electoral de la OEA en Perú. En vista de las irregularidades que rodearon la reelección de Alberto Fujimori, el entonces ministro de Relaciones Exteriores canadiense, Lloyd Axworthy, contribuyó, de manera fundamental, en nombre de la OEA, a resolver la crisis y asegurar una transición serena a la nueva dirigencia. Asimismo, Canadá fue sede de la Asamblea General de la OEA en junio de 2000, en Windsor.

Estrechar los lazos comerciales con la región constituye una parte esencial de la actividad canadiense en el hemisferio. La piedra angular de la relación económica de Canadá con el resto de América es el TLCAN, que entró en vigor en enero de 1994. Canadá logró vencer la oposición de Estados Unidos y México a incluir una cláusula de adhesión en el acuerdo. Cuando fue evidente la incapacidad del presidente Clinton para obtener la autorización del tratado mediante fast-track, con lo que quedaba claro también que Chile no podría unirse al TLCAN, Canadá negoció un acuerdo bilateral de libre comercio con ese país (implementado en julio de 1997). En 2001, Canadá concluyó las negociaciones para un acuerdo de libre comercio con Costa Rica y actualmente negocia uno similar con El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua. Canadá fue, además, sede de gran número de reuniones económicas relevantes, entre ellas la de ministros de comercio del ALCA y el Quinto Foro Comercial de las Américas, ambas ocurridas en Toronto en noviembre de 1999.

Canadá, por otra parte, participa activamente en el proceso del Área de Libre Comercio de las Américas desde la Cumbre de Miami de 1994, reunión en la que fue uno de los impulsores de que los vínculos hemisféricos se fundamentaran en el comercio. Una vez tomada la decisión de establecer un ALCA, Canadá fue un actor clave en el proceso y lo mantuvo vivo pese a la ausencia del fast-track de Estados Unidos; también ha formado parte del Grupo de Revisión de la Puesta en Vigor de los Acuerdos de la Cumbre (SIRG, por sus siglas en inglés), junto con Estados Unidos y Chile, y fue sede tanto del SIRG como de la Comisión de Negociaciones Comerciales del proceso de la cumbre/ALCA. Desde la cumbre de Miami hasta la de Santiago, Canadá medió entre las diferentes concepciones del ALCA: la defendida por Estados Unidos (modelo tipo TLCAN) y la encabezada por Brasil (negociaciones entre América del Norte y el Mercosur). El compromiso que Canadá proponía pactar permitía que los países comenzaran por lo menos negociaciones individualmente o como grupo; también ejerció presión –con éxito– para fijar una agenda que permitiera que las negociaciones relativas a todos los artículos de un acuerdo comenzaran al mismo tiempo. Luego de la segunda Cumbre de las Américas, los funcionarios canadienses desempeñaron un papel de liderazgo en numerosos grupos negociadores del ALCA.

El punto culminante de la participación de Canadá en el proceso del ALCA ha sido hasta el momento la Cumbre de las Américas en Quebec, en abril de 2001, calificada por el gobierno de Chrétien como la reunión hemisférica más importante que ha tenido lugar en Canadá. Pese a todo el debate sobre el comercio –y las protestas contra su liberalización–, la atención dedicada al ALCA propiamente dicho ocupó una pequeña parte del orden del día de la cumbre. Aunque los negociadores trabajan desde 1997 en las distintas cláusulas de un ALCA, mientras el presidente Bush no obtenga la Autorización de Promoción Comercial (APC, que es el nuevo nombre del fast-track), son pocas las probabilidades de que se entablen conversaciones serias sobre capítulos específicos. Al existir una estructura implícita para conversaciones comerciales hemisféricas con encuentros regulares entre funcionarios y ministros, los jefes de gobierno no tenían demasiado que tratar en la ciudad de Quebec. Fuera de las manifestaciones callejeras contra una mayor liberalización, el problema relativo al comercio que concitó mas atención fueron las diferencias entre los gobiernos respecto de la publicación del borrador de un potencial acuerdo hemisférico de libre comercio. En la reunión de ministros de comercio en Buenos Aires, que precedió al encuentro de Quebec, Canadá tomó la iniciativa de propiciar la transparencia en las conversaciones comerciales, cuyo primer paso sería emitir un borrador final. Canadá había planteado sus propuestas de negociación en el sitio web del Departamento de Relaciones Exteriores y Comercio Internacional (DFAIT, por sus siglas en inglés) en diciembre de 2000. Con renuencia, otros estados del hemisferio aceptaron la publicación del borrador (lo cual se hizo finalmente a comienzos de julio de 2001).




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