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Buscar aliados en el traspatio Felipe A.M. de la Balze De Foreign Affairs En Español, Otoño-Invierno 2001 Resumen: Con tantos actores en juego, la muy esperada Área de Libre Comercio de las Américas puede terminar siendo un proyecto fútil. Para lanzar la integración hemisférica sería mejor extender el TLCAN hacia el Cono Sur y así promover la prosperidad, la seguridad y la democracia en toda Sudamérica.
Felipe A.M. de la Balze es Director del Consejo Argentino de Relaciones Exteriores y profesor de Economía Internacional en la Escuela de Servicio Exterior y en la Escuela Superior del Ministerio de Defensa, en Buenos Aires. Entre sus libros más recientes se encuentra Mercosur: entre la retórica y el realismo. Material original de Foreign Affairs, Volumen 80, Número 4 Estados Unidos –preeminente pero no hegemónico– no puede mantener su liderazgo mundial sin la cooperación de países con ideas afines que compartan sus intereses y sus valores. De hecho, en los próximos años, es probable que la preeminencia estadounidense se mantenga estable sólo en las regiones donde Estados Unidos firmó acuerdos con países que tienen sistemas sociopolíticos y económicos compatibles. En determinadas circunstancias, afortunadamente, es factible establecer acuerdos basados en la promoción del crecimiento económico regional, la integración a la economía mundial y la consolidación de la democracia. Lo prueban las sucesivas ampliaciones del proyecto europeo de integración (actualmente la Unión Europea, UE), que incorporó a Italia en la década de 1950, a España en la de 1970 y a Grecia, Irlanda y Portugal en la de 1980. En este momento existe una oportunidad similar de integración en el Cono Sur de Sudamérica. Un grupo importante de países –Argentina, Brasil, Chile y Uruguay– han dado grandes pasos en estos últimos años y están dispuestos, pese a sus problemas económicos de corto plazo, a realizar avances políticos y económicos constantes durante la próxima década. No obstante, hacen falta los incentivos adecuados para garantizar que estos países sean plenamente democráticos y aliados de Estados Unidos en la economía de mercado. Para ello, el mejor incentivo que puede dar Estados Unidos es una extensión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) al Cono Sur, que haga miembros del pacto a estos países sudamericanos junto con Estados Unidos, Canadá y México. Pero la integración económica no se alcanzará sin un principio político fuerte: a saber, la promoción de la democracia y la seguridad regional que podría derivar de la creación de un "súper TLCAN". Un sistema abierto tan completo como éste ofrecería grandes ventajas a todos los participantes, contribuyendo a estabilizar y enriquecer a las Américas, y favorecería el proceso de integración hemisférica. TREN DE INTEGRACIÓN Un TLCAN de siete estados, que incluya tanto acuerdos democráticos y de seguridad como convenios económicos, ofrecería una amplia gama de beneficios a todo el hemisferio y, a la larga, podría integrar a otros países latinoamericanos. Sin embargo, antes de incorporarse, algunos de los miembros potenciales –especialmente los estados andinos como Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela– deberían apresurar la marcha. Estos países necesitan ayuda para atacar problemas endémicos como la inestabilidad económica, el bajo ingreso per cápita, las prácticas democráticas intolerantes y el narcoterrorismo. En gran parte de Sudamérica, los servicios públicos siguen siendo malos. Las burocracias entorpecen la innovación; los cuerpos legislativos son débiles y, lo mismo que los judiciales, a veces corruptos. Llevar crecimiento económico y estabilidad social a Sudamérica requerirá no sólo un sector privado lleno de vitalidad y mercados que funcionen, sino también educación pública para los jóvenes, capacitación laboral para los desocupados, atención médica para los pobres, y una justicia y una policía que traten igual a todos los ciudadanos. Mejorar el estado y reducir la corrupción serán, por ende, condiciones esenciales para ampliar el TLCAN. Una vez más, Europa provee un buen antecedente respecto de cómo llevar a cabo estas tareas. La UE y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) emplearon con éxito tanto premios como castigos para alentar a los candidatos de Europa Central y del Este a emprender la modernización política, militar y económica que la asociación requiere. Una serie nueva y completa de convenios entre Estados Unidos y Sudamérica tendría ventajas significativas respecto de un pacto circunscrito a la liberalización del comercio. Por ejemplo, el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), actualmente en discusión, reduciría progresivamente los aranceles comerciales pero no incluiría medidas relativas a la integración política o la seguridad. Además, sus redactores esperan que para 2005 el ALCA abarque a toda una serie de países distintos: 34 en total. Pero lograr que todos esos países coincidan en algo exigirá inevitablemente suavizar las cláusulas, como ocurrió, por ejemplo, en las negociaciones comerciales multilaterales organizadas bajo la égida del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) y su sucesora la Organización Mundial del Comercio (OMC), desde la Ronda de negociaciones de Tokio en la década de 1970. El ALCA terminará, así, como un acuerdo de mínimo común denominador. Con tantos actores, las negociaciones del ALCA terminarán siendo nada más que una fachada a gran escala o, en el mejor de los casos, un proyecto de integración económica superficial.
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