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Las posibilidades del libre comercio hemisférico Sidney Weintraub De Foreign Affairs En Español, Otoño-Invierno 2001 Resumen: El ALCA presenta oportunidades únicas para el comercio hemisférico. Sin embargo, Estados Unidos es el actor que determinará la realización del proyecto, dependiendo de la relación que se dé entre el Congreso y el presidente George W. Bush, así como de la decisión de incluir o no a todos los países de la región, en especial a Brasil. Sin Estados Unidos, el ALCA pierde el atractivo para el resto de los países de la región, que esperan tener un acceso garantizado al mercado estadounidense. Si las negociaciones fracasan, las discriminaciones comerciales aumentarán.
• Los procedimientos de resolución de controversias dependen, en gran medida, de los sistemas y procedimientos judiciales nacionales, que varían mucho de un país al otro. Sin embargo, a pesar de las dificultades, todas las partes de la negociación reconocen que para alcanzar un acuerdo se requieren concesiones. El proceso de negociación se ha ido estructurando cuidadosamente durante muchos años, y ahora los negociadores se conocen muy bien entre sí. Se ha provisto asistencia técnica en la negociación comercial a los países más débiles hasta un punto antes no practicado. Lo más importante es quizás que todos los países involucrados quieren que el esfuerzo de integración hemisférica tenga éxito porque lo consideran beneficioso para sus aspiraciones de desarrollo. Si Estados Unidos llega al proceso de negociaciones con una versión aceptable de la APC (lo que es mucho suponer), las posibilidades de llevar a término la negociación dentro del plazo establecido serán positivas, con una probabilidad de éxito cercana a 0.8. UN ALCA ALGO MENOS QUE UNIVERSAL A fin de cuentas, los países de Amlac podrían rechazar integrarse al ALCA porque no se cumplen sus exigencias clave o porque no se les concede el tiempo suficiente para eliminar sus barreras fronterizas. Esto último podría ser un impedimento importante para los países pequeños, que dependen fuertemente de los aranceles a la importación como fuente de ingresos gubernamentales y que necesitarían varios años de respiro para poder modificar de modo notable sus estructuras tributarias. No obstante, si los únicos países que se quedan al margen son los pequeños –los que lo son tienen un papel menor en el cuadro del comercio–, es poco probable que esto sea causa para que se interrumpa el lanzamiento del ALCA. Ser pequeño y relativamente poco importante en la economía hemisférica tiene algunas ventajas, es decir, cierta libertad de acción de la que otros países suelen desentenderse. Pero tiene la desventaja de que los problemas legítimos de esos países son, en gran parte, soslayados. Si Brasil se queda fuera, eso tendría un significativo impacto hemisférico. Brasil tiene más de 33% de la población de la región de Amlac, 33% de su PIB (en términos de paridad del poder de compra) y 16% de sus exportaciones. El libre comercio sin Brasil no podría llamarse hemisférico. A Brasil suele considerársele como un ausente potencial del ALCA porque los prolongados elementos de proteccionismo siguen siendo fuertes en varios sectores industriales y de servicios, y los líderes del país han manifestado públicamente su escepticismo sobre los probables beneficios que obtendría de las negociaciones. El presidente Fernando Henrique Cardoso expuso esta duda de forma memorable cuando afirmó que el Mercosur es el destino de Brasil, mientras el ALCA no es más que una alternativa entre otras. Los dirigentes de Argentina han hecho saber su deseo de tener libre comercio con Estados Unidos, ya sea en forma directa o en el contexto del ALCA. Esta posición está contenida en las declaraciones del ministro de Economía, Domingo Cavallo, y en serios estudios realizados por su ministerio. Uruguay ha adoptado una posición similar. Ambos países preferirían alcanzar un libre comercio con Estados Unidos (o con los países del TLCAN colectivamente) como parte del Mercosur, como fue anunciado en la reciente cumbre presidencial del Mercosur en Asunción, Paraguay. No obstante, llegado el caso –si Brasil quedara fuera del ALCA– es muy probable que Argentina y posiblemente Uruguay y Paraguay rompan filas, y busquen incorporarse al ALCA o a diferentes tratados bilaterales con Estados Unidos. De darse esto, el Mercosur podría no existir más como unión aduanera con un arancel externo común. Lo que está en juego, por lo tanto, si Brasil quedara fuera del ALCA en el momento de establecerse, es que el libre comercio con Estados Unidos (directo o como parte del ALCA) se convertiría en un destino para Argentina, y el Mercosur se convertiría en la alternativa rechazada. Esto sería desafortunado en términos de relaciones políticas para el Cono Sur. Aunque es posible, se trata de una perspectiva poco probable. Sería extremadamente difícil para Brasil quedar fuera de un ALCA que incluiría a todos o a la mayoría de los otros países del hemisferio, por la inherente discriminación que ello acarrearía contra las exportaciones de Brasil, al menos en cuanto a Estados Unidos. Al final, esta opción –un ALCA sin uno o más de los países más grandes– combina lógicamente con la primera alternativa, la de un tratado de libre comercio hemisférico que incluya a todos los países, en el cual quizás quedarán fuera unos cuantos países pequeños por el momento. ¿Y SI NO SE LOGRA INSTAURAR EL ALCA?
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