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Cuba, el desconocido mundo de los negocios Lila Haines De Foreign Affairs En Español, Otoño-Invierno 2001 Resumen: Con las leyes de 1982 y 1995, Cuba ha abierto sus puertas al comercio y las inversiones de Occidente, principalmente en sectores como el turismo y otros menos conocidos como el farmacéutico y las telecomunicaciones. A pesar de que todavía existen ámbitos donde el Estado ejerce control absoluto ?como la posesión de la tierra, defensa y educación? muchos países reconocen el potencial económico de la isla. Hasta ahora, las corporaciones estadounidenses siguen siendo los grandes perdedores de la apertura.
En la isla, aunque las inversiones y el comercio extranjeros gozan de buena acogida, ciertos tabúes siguen vigentes. La mayor parte tiene que ver con la propiedad de la tierra. La tierra de Cuba no se vende, lo cual en parte se debe a las complicaciones que pudieran surgir, por mucho que se niegue, como consecuencia de demandas presentadas al amparo de la Ley Helms-Burton por ex propietarios residentes en Estados Unidos. El peso de la historia es también un freno de consideración para el cambio de manos de las tierras agrícolas, ya que la reforma agraria fue uno de los logros clave de la revolución de 1959. Un detalle relevante para muchos aspirantes a inversores es que en el 2000 se retiró la propiedad inmobiliaria del menú de inversiones. Después de tres largos años de discusiones, el proyecto de ley sobre bienes raíces se archivó. Además, se solicitó a los extranjeros que ya habían invertido en nuevos edificios de apartamentos que vendieran a sus socios cubanos las propiedades que aún no hubieran sido adquiridas por terceros. Al otro lado del estrecho de Florida la política es aún más complicada, por no decir "severa", según quienes están deseosos de exportar e invertir. Las leyes Torricelli (1992) y Helms-Burton (1994) intensificaron aún más la prohibición ya existente de establecer vínculos comerciales con Cuba, como resultado de varias leyes aprobadas desde los años sesenta, e incluso la de Comercio con el Enemigo, vigente desde la Primera Guerra Mundial. La ley de octubre de 2000, que legalizó la venta de alimentos y medicamentos a Cuba, no derogó leyes existentes, aunque puede contribuir a la paulatina relajación del embargo comercial. Las corporaciones estadounidenses son las grandes perdedoras del momento actual, y son muy conscientes de ello. Los granjeros, impulsados por obvios motivos comerciales, constituyeron la fuerza motriz de la campaña reciente para que en Estados Unidos se reformen las leyes. Se calcula que Cuba compraría productos agrícolas estadounidenses por valor de hasta 750 millones de dólares si se levantara la prohibición a las exportaciones, cosa que en la práctica no ha llegado a ser posible para quienes desean exportar arroz y trigo, a causa de las restricciones antes mencionadas de la Ley Torricelli y el veto en créditos para exportación. En noviembre de 2000 un informe del Departamento de Agricultura estadounidense indicaba que Cuba podría convertirse en un exportador importante de azúcar, tabaco, pescados y mariscos, cítricos, frutas y vegetales tropicales a Estados Unidos. La isla no sería el único beneficiario; las empresas estadounidenses que participan en actividades de transporte, importación y ventas al menudeo también sacarían provecho. Y sin embargo, la prohibición a la mayor parte de las importaciones cubanas sigue vigente. ¿Qué traerá el futuro para aquellos precavidos que ya han arriesgado en este mercado todavía poco conocido y relativamente inseguro, o a quienes están a punto de dar el paso decisivo? Analistas tales como Economist Intelligence Unit prevén que la economía cubana sostendrá un crecimiento de alrededor de 5% anual durante los próximos años. Sin embargo hay factores de riesgo, entre los cuales la deuda externa es el que provoca mayor preocupación. Tasa de crecimiento del PIB (%) 1996: 7.8 1997: 2.5
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