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Lejos de Dios y demasiado cerca de?La política exterior de Cuba hacia América Latina y el Caribe
Andrés Serbin
De Foreign Affairs En Español, Otoño-Invierno 2001

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Resumen: Al desaparecer el bloque socialista, Cuba ha tenido que diversificarse política y económicamente. Su política exterior se ha reorientado y ahora promueve acercamientos con América Latina y el Caribe. Pero los lazos que pueda mantener con los países de la región siguen marcados por la rígida posición estadounidense hacia la isla.

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[continúa...]

Mas allá de la viabilidad política de este cuadro en un mundo globalizado y caracterizado por una arquitectura del poder compleja y cambiante en términos de actores y procesos, lo cierto es que la alianza entre La Habana y Caracas para la creación de un polo alternativo de poder, aunque incipiente e inicialmente frágil, favorece la oxigenación de Cuba en la coyuntura actual. Esta oxigenación es particularmente necesaria para la isla en el marco de la agudización de las tensiones con Estados Unidos y, sobre todo, con George W. Bush en la presidencia (más allá de los cambios que, en términos de política exterior, pueda generar la reciente recomposición política del Senado), y de un deterioro de las relaciones con los países europeos y Canadá a raíz de sus críticas a la situación política interna de Cuba.

Este polo alternativo de poder, aunque no amplía el espectro de la diversificación de relaciones económicas y políticas, abre para Cuba la posibilidad de reactivar y extender su esfera de influencia y acaso su liderazgo en el ámbito regional, al recuperar su capacidad movilizadora en torno de una serie de banderas impulsadas tradicionalmente por la revolución cubana, sumadas ahora a la crítica del proceso de globalización y de los presupuestos neoliberales que lo sustentan.

En este contexto, es necesario tener en cuenta que las relaciones de Cuba con los países de América Latina se han caracterizado por los vínculos con actores políticos específicos y no entre sus gobiernos (las relaciones diplomáticas estaban suspendidas con la mayoría de ellos). Por lo tanto, la eventual apuesta al liderazgo de Brasil no está desvinculada de las crecientes posibilidades de una próxima victoria electoral del Partido del Trabajo y de su líder Lula da Silva; asimismo, las relaciones con otros países latinoamericanos no dejan de estar teñidas por los vínculos y nexos personales –con priístas y perredistas en México, o frepasistas en Argentina–. Más allá de los acuerdos de protección de inversiones firmados con México y del contacto personal con Fox, aún se desconoce si la nueva administración mexicana suscribirá muchos de los principios de su antecesora y si Cuba seguirá ocupando la misma posición de antes en la política exterior mexicana. De manera similar, el voto del gobierno argentino a favor de la condena contra Cuba en materia de derechos humanos en la última reunión de la Comisión celebrada en Ginebra deja en claro cuáles son las prioridades de Argentina (y cuáles sus preocupaciones) a la hora de considerar el papel de Cuba (y de Venezuela) en la región y en relación con el Mercosur, más allá de las reacciones, del intercambio de invectivas y del enfriamiento de las relaciones diplomáticas que se hayan podido generar en los últimos tres meses.

UN BALANCE TENTATIVO:

LA "DESNORTEAMERICANIZACIÓN" IMPOSIBLE

En abril de este año, durante la Cumbre del ALCA en Quebec quedó en claro hasta qué punto la reinserción de Cuba en el concierto regional sigue asociada a la impronta de su relación con Estados Unidos y de su articulación con la dinámica global –más allá de la contracción de la política exterior cubana después de concluida la Guerra Fría y su concentración en la búsqueda de alianzas y de diversificación política y económica en el ámbito latinoamericano y caribeño–. El ataque a Cuba por parte de George W. Bush, en el seno de la Cumbre, y las críticas de Fidel a la globalización y el neoliberalismo, así como su apoyo a los movimientos globalifóbicos desplegados a partir de la reunión de la OMC en Seattle (diciembre de 1999) y después en Quebec, constituyen un episodio más de este proceso, donde el eje de la confrontación Estados Unidos-Cuba persiste como un elemento determinante en la configuración y puesta en marcha de la política exterior cubana.

En este proceso, las relaciones con los países de América Latina y el Caribe, aparte de la búsqueda de una inserción económica regional en una etapa de difícil transición para la economía cubana, siguen teniendo como componente primordial la relación cubano-estadounidense y están influidas fuertemente por la visión de las oportunidades y desventajas que ofrece el cuadro global para mantener una inserción relevante en el sistema mundial. La emergencia del régimen bolivariano en Venezuela tal vez otorgue, en este marco, un espacio renovado para la presencia cubana en la región y para el desarrollo y profundización de nuevas alianzas en el plano global. Sin embargo, su evolución posterior queda condicionada, precisamente, por las posibles reacciones de Estados Unidos, cuyo nuevo gobierno republicano ha dejado en claro, por lo menos a corto plazo, que tenderá a reforzar una política de presión y aislamiento sobre Cuba.




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