Foreign Affairs in Spanish Foreign Affairs in Japanese
Foreign Affairs en Español
Publicado por el ITAM
Busqueda Busqueda Avanzada

Inicio

El Último Número

Revisar Por Tema

Reseñas

Números Anteriores

Para Suscribirse

Búsqueda


Quiénes Somos
Permisos
Información Publicitaria
Ediciones Internacionales
Mapa Del Sito
Contáctenos



Lejos de Dios y demasiado cerca de?La política exterior de Cuba hacia América Latina y el Caribe
Andrés Serbin
De Foreign Affairs En Español, Otoño-Invierno 2001

Imprimir este articulo Envíe este artículo a un amigo

Resumen: Al desaparecer el bloque socialista, Cuba ha tenido que diversificarse política y económicamente. Su política exterior se ha reorientado y ahora promueve acercamientos con América Latina y el Caribe. Pero los lazos que pueda mantener con los países de la región siguen marcados por la rígida posición estadounidense hacia la isla.

Of Related Interest

Temas:
Cuba
Defensa y Temas Militares
Sistemas Políticos
Caribe
Estados Unidos
Economía, Comercio y Finanzas

Cuba, el desconocido mundo de los negocios
By Lila Haines
Foreign Affairs En Español, Otoño-Invierno 2001
[continúa...]

Tanto la relación con el Grupo de Río como la participación en las Cumbres Iberoamericanas –dos ámbitos particularmente relevantes para las relaciones con los países más grandes de América Latina– se caracterizaron por las actitudes de las naciones latinoamericanas frente al tema de la democracia, en especial en el marco de los procesos de redemocratización y consolidación democrática que atravesaban algunas de ellas. En el seno del Grupo, y de Latinoamérica en general, predominó a principios de la década de los noventa una posición favorable a la reinserción cubana en la región, así como una crítica manifiesta a las presiones de Estados Unidos (y en particular, en coincidencia con los países europeos, el cuestionamiento a la Ley Helms-Burton). Además, existía una actitud vaga y ambivalente frente al tema de los derechos políticos y la democratización de la isla, con algunas notables excepciones como el caso de Argentina, que en forma explícita, durante los gobiernos de Menem, cuestionó el régimen cubano. Esta actitud latinoamericana cambió gradualmente durante los últimos años, en particular después de la Cumbre Iberoamericana de La Habana cuando, sin abandonarse las críticas a Estados Unidos, se acentuó el cuestionamiento a la situación política y de los derechos humanos en la isla. Este proceso culminó, por un lado, con el respaldo a la condena de la situación de los derechos humanos en Cuba durante la reunión de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra, a principios de este año, y por el otro con las frecuentes críticas y desacuerdos del gobierno cubano respecto de las actitudes de El Salvador, Argentina, Guatemala y Costa Rica en el transcurso de los últimos meses.

Por otra parte, la creciente presencia cubana en la región de la Cuenca del Caribe no se disoció de una serie de iniciativas en los ámbitos multilaterales, donde los países latinoamericanos más grandes participaban con mayor intensidad. Esto se hizo particularmente evidente con la incorporación de Cuba, en 1998, a la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), lo que le posibilitó establecer una relación económica con países latinoamericanos de economías complementarias y no necesariamente competitivas como en el caso de la Cuenca del Caribe, además de generar un clima propicio para su reinserción política en el escenario latinoamericano.

LAS RELACIONES BILATERALES Y LOS CAMBIOS EN EL ENTORNO REGIONAL

La participación activa en los espacios multilaterales de la región no sólo fue útil para avanzar en el objetivo de establecer y profundizar un espectro de alianzas y acercamientos políticos útiles para contrarrestar el aislamiento al que Cuba había estado sometida en años anteriores y hacer posibles nuevas formas de inserción en la comunidad regional, sino también para diversificar sus vínculos e intercambios económicos, tan necesarios para relanzar la economía de la isla luego de la situación creada por la desaparición del CAME.

En este sentido, es de destacar la importancia creciente asignada a Canadá y México como socios comerciales de Cuba, tanto en la provisión de inversiones en distintos campos –en particular, el turístico, durante la última década– como en ser un destino para las exportaciones de bienes y servicios y fuente de importaciones. Sin embargo, a principios de los noventa, junto a estos dos países se destaca Argentina como importante exportador de bienes a la isla; asimismo, a finales de la década, Venezuela también ocupa un papel relevante mediante el acuerdo de asistencia energética firmado entre ese gobierno y Cuba.

Cabe destacar el cambio generado en el entorno regional por la emergencia del bolivarianismo y de Hugo Chávez en Venezuela, que tuvo efectos positivos para la economía cubana y para el despliegue de un nuevo ejercicio de la diplomacia de la isla en la región. En este sentido, la profundización del acercamiento de Venezuela con Cuba, a raíz de la victoria electoral de Chávez, aporta una serie de sucesos importantes en la dinámica regional y, en especial, en la situación cubana.

Los acuerdos entre ambos países y, en particular, la provisión de 53,000 barriles diarios de petróleo venezolano a Cuba (un tercio de su consumo) durante cinco años, en condiciones de pago preferencial y con la posibilidad de reventa a precios internacionales, implica necesariamente una inyección financiera crucial para la economía cubana, sin contar algunas ventajas adicionales vinculadas al intercambio de profesionales y servicios como parte del pago de la deuda así acumulada.

Pero el avance de la estrecha relación Cuba-Venezuela durante los últimos años y, en especial, entre sus dos mandatarios, resulta de enorme importancia porque tiende a reconfigurar el entorno regional y la dinámica tanto de la Cuenca del Caribe como del conjunto de América Latina en la coyuntura actual.

En este sentido, cabe examinar la reorientación general de la política exterior venezolana, desde la asunción de Chávez a la presidencia, en un plano eminentemente geopolítico donde los recursos petroleros se utilizan para promover un cuadro de alianzas que contrarreste el peso de la hegemonía estadounidense –por lo menos eso es lo que se desprende de los discursos del presidente venezolano–. En el diseño bolivariano que sustenta esta política, las siguientes acciones, entre otras, intentan configurar un nuevo esquema regional e internacional: las aperturas hacia una incorporación de Venezuela al Mercosur, la simpatía implícita o explícita a la guerrilla colombiana, las reacciones frente al Plan Colombia promovido por Estados Unidos y la asistencia y cooperación a los países de Centroamérica y el Caribe, además del fortalecimiento de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y de los vínculos con los países árabes, China y Rusia. Algunos analistas no dudan en identificar lo anterior con una visión neobolivariana de la integración, que excluye a Estados Unidos y se opone al panamericanismo que éste promueve junto con sus aliados regionales, percibido como un esquema de sometimiento geopolítico de América Latina a los intereses estadounidenses.

El planteamiento anterior es muy evidente en términos de privilegiar la relación con Brasil y establecer así un contrapeso regional a Estados Unidos, particularmente en cuanto a la iniciativa del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) –que se percibe como parte del proceso neoliberal de globalización, en función de la generación de un polo integracionista alternativo–. En este marco, el eje Caracas-La Habana se convertiría en un factor decisivo a la hora de aglutinar fuerzas frente a la hegemonía estadounidense, reforzado por el desarrollo de diferentes movimientos sociales a lo largo y ancho del continente, en coincidencia con los señalamientos del Foro de São Paulo.




anterior1 | 2 | 3 | 4 siguiente




Email Updates
Sign Up for Free Bi-Weekly News Updates