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Cuba y la eterna guerra fría
Jorge I. Domínguez
De Foreign Affairs En Español, Otoño-Invierno 2001

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Resumen: Los duros en Estados Unidos y Cuba siguen sin escatimar recursos para mantener la Guerra Fría a pesar de que existen avances en materia de cooperación. Ejemplo de ello son la responsabilidad, eficacia y disposición con que se han tratado temas de interés mutuo como migración, narcotráfico y la convivencia en el entorno de la base aeronaval de Estados Unidos en Guantánamo. Es necesario que ambos gobiernos dejen de mostrar el lado irracional de su relación y transiten por donde los guían los destellos de cordura que ya se ven en su sociedad civil.

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Jorge I. Domínguez es profesor de la cátedra Clarence Dillon de Asuntos Internacionales y director del Weatherhead Center for International Affairs, en Harvard University. Ha sido presidente de Latin American Studies Association (LASA). Entre otras publicaciones, es autor de Cuba: Order and Revolution y To Make A World Safe for Revolution, ambos editados por Harvard University Press.

Material original de Foreign Affairs en Español, Volumen 1, Número 3, Otoño-Invierno 2001

"Morir por la patria es vivir", declara el himno nacional cubano. No es el himno socialista, no es el himno de la revolución de Fidel Castro, sino que así insiste el himno que entonan todos los que quieren llamarse cubanos dentro y fuera de la isla. Los himnos nacionales suelen exagerar, pero los cubanos han tomado el suyo en serio.

Hay quien dice que el mundo vive la Posguerra Fría. Las marchas combatientes que encabeza Fidel Castro por el malecón de La Habana, en desfile militante y de protesta frente a la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba, nos recuerdan que el gobierno y el partido comunista cubanos siguen dispuestos a movilizar recursos –el tiempo de la gente, el transporte y la gasolina, entre otros– para continuar peleando su "guerra fría" con Estados Unidos (en algunos casos esta movilización sólo consiste en caminar disciplinadamente por una de las calles principales de La Habana).

Exiliados cubanos en Miami, en Nueva Jersey y en otras partes se movilizan con igual fervor en nombre de la misma patria, cantando el mismo himno, pero siguiendo signos ideológicos contrarios, para contribuir a derrocar a Fidel Castro.

El 20 de mayo, el presidente George W. Bush convoca a numerosos cubano-americanos en la Casa Blanca para celebrar el nonagesimonoveno aniversario (1902-2001) de la independencia de Cuba. Washington está orgulloso de haber designado, por primera vez en la historia de Estados Unidos, a un cubano-americano, Melquíades "Mel" Martínez, como miembro del Gabinete y postulado a otro más, Otto Reich, como subsecretario de Estado adjunto de Relaciones Interamericanas.

Cuba, su relación con Estados Unidos y su exilio son museos de la Guerra Fría. Museos al estilo de la película Parque Jurásico porque, si no se tiene suficiente cuidado, la resurrección de dinosaurios puede provocar incidentes graves.

Baste recordar lo que otra película hollywoodense, 13 días, omitió mencionar sobre la tensión vivida en octubre de 1962 cuando Cuba, Estados Unidos y la Unión Soviética llevaron al mundo al borde de la destrucción nuclear. En un momento álgido de la crisis, Fidel Castro envió una carta a Nikita Kruschev recomendándole que, en caso de que Estados Unidos invadiera Cuba con tropas convencionales, la Unión Soviética debería tomar la iniciativa lanzando un ataque nuclear contra Estados Unidos.

Año y medio antes, Estados Unidos había auspiciado, organizado y financiado la invasión a Playa Girón y Playa Larga –operativo conocido como Bahía de Cochinos–, en un fallido intento por derrocar al gobierno de Cuba.

A partir de entonces y durante tres décadas, la respuesta no se hizo esperar. Fidel Castro repitió la estrofa del himno nacional con algunas modificaciones pertinentes al caso; "morir por la patria" se tradujo en: "el deber de todo revolucionario es hacer la revolución". Así, Cuba envió ejércitos a Angola y Etiopía, un número considerable de tropas a Argelia y Yemen, guerrilleros a Bolivia y Venezuela, y asistencia a docenas de movimientos insurgentes en los continentes del hemisferio sur.




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