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Cuba y la eterna guerra fría Jorge I. Domínguez De Foreign Affairs En Español, Otoño-Invierno 2001 Resumen: Los duros en Estados Unidos y Cuba siguen sin escatimar recursos para mantener la Guerra Fría a pesar de que existen avances en materia de cooperación. Ejemplo de ello son la responsabilidad, eficacia y disposición con que se han tratado temas de interés mutuo como migración, narcotráfico y la convivencia en el entorno de la base aeronaval de Estados Unidos en Guantánamo. Es necesario que ambos gobiernos dejen de mostrar el lado irracional de su relación y transiten por donde los guían los destellos de cordura que ya se ven en su sociedad civil.
Es curioso, pero con estas dos medidas de excepción, la Ley Helms-Burton, en la práctica, ha sido inoperante, pues los dos capítulos que sí están en plena vigencia se orientan más hacia el reino de lo deseable, ya que se refieren al hipotético fin del castrismo y lo que debería hacerse cuando acontezca. Juegos barrocos, cierto, pero la lógica y el sentido común han carecido de popularidad en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Ambos gobiernos siguen haciendo lo posible por ocultar la realidad de su cooperación bilateral, incluso en el campo militar. Los dos insisten en insultarse con la mayor frecuencia e intensidad posibles. El régimen estadounidense no quiere la "guerra caliente" con Cuba pero, para evitar hostilidades con algunos de sus sectores cubano-americanos, parece requerir que la Guerra Fría continúe en la isla. El gobierno cubano no es numantino; sabe que la "guerra caliente" con Estados Unidos implicaría un suicidio. Pero, ¿cómo retener el apoyo de un pueblo empobrecido, carente de libertades democráticas, si la patria no peligra ante un coloso agresor? En cadenas vivir, es vivir en afrenta y oprobio sumido Nos encontramos ante una paradoja. Cuba es un enemigo políticamente necesario para algunos políticos de la Casa Blanca, y Estados Unidos es un enemigo también necesario para la dirección nacional de Cuba. Los "duros" de ambos países actúan como si quisieran apoyarse entre sí. Fidel Castro y sus enemigos en el exilio pueden seguir entonando la misma estrofa del himno nacional –"morir por la patria es vivir"– seguros de que no es más que una hipérbole, y agradecidos, quizás, de que la Guerra Fría sempiterna les permite, a ambos, seguir haciendo el mismo tipo de política.
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