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Globalización: la enfermedad del nuevo milenio (entrevista) Hugo Chávez De Foreign Affairs En Español, Otoño-Invierno 2001 Resumen: El presidente Hugo Chávez es escéptico respecto del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Como ideología del nuevo tiempo para América Latina y el Caribe prefiere el bolivarianismo, al cual son inherentes valores atemporales como democracia, justicia social y equidad. Chávez no se declara globalifóbico, pero prácticamente lo es. Advierte que la globalización es un tipo de fundamentalismo y rechaza la unipolaridad. En el plano internacional es partidario de la autodeterminación de los pueblos y de la no intervención, por lo que critica a los países que intervienen en asuntos internos de otros estados.
Hugo Chávez es presidente de la República de Venezuela desde diciembre de 1999. El 4 de febrero de 1992, siendo comandante del ejército, encabezó la rebelión militar que intentó dar un golpe de Estado contra Carlos Andrés Pérez. Después de pasar algunos años en prisión, se postuló a la candidatura presidencial, y resultó victorioso. El presidente Chávez propone el bolivarianismo como sistema político para Venezuela y América Latina. Material original de Foreign Affairs en Español – Otoño-Invierno 2001, Volumen 1, Número 3 Hugo Chávez (1954- ) disfruta del papel de muchacho malcriado. Llama "farsas" a las cumbres presidenciales; declara compartir el rechazo por el dogma neoliberal de los grupos que oyó, vio y olió en la reunión de Quebec en marzo de este año, e ironiza sobre el acuerdo del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que, dice, pretende poner la carreta delante de los bueyes. "La globalización se montó falsamente sobre el fundamentalismo del capitalismo liberal", asegura este teniente coronel retirado, quien intentó entrar a balazos al Palacio de Miraflores en 1992. Siete años más tarde, por la fuerza de las urnas logró llegar al sillón presidencial. El Presidente de Venezuela hasta el año 2006 manifestó a Foreign Affairs en Español (FAE) que prefería responder a una entrevista en vez de escribir un texto; "es mejor así, más directo", dijo. La mañana del 8 de agosto, en un jardín interior de la sede presidencial, con el libro azul en mano –una pequeña constitución reformulada de Venezuela– y vestido con una chaqueta de los colores de la bandera venezolana con su nombre al pecho, Hugo Chávez expuso a Rossana Fuentes Berain, subdirectora de FAE, algunas de sus pautas para la política exterior: rechazo a la unipolaridad en el escenario de las relaciones internacionales; cautela ante la conveniencia de que su país busque integrarse al ALCA y, por supuesto, el bolivarianismo como una ruta a seguir o, mejor dicho, a retomar, por todos los latinoamericanos. ENTREVISTA A HUGO CHÁVEZ FAE.— Usted ha descrito la globalización como "la enfermedad del nuevo milenio". ¿En qué se parece y en qué se diferencia su posición de la de los globalifóbicos, quienes cada día parecen cobrar más visibilidad, si no es que más fuerza? HCH.— La globalización se montó falsamente, como un edificio, sobre el dogma del neoliberalismo. La globalización no es otra cosa que el intento de la mundialización del dogma neoliberal; la falsa idea de que se acabó el camino, del fin de la historia; la idea de que con la caída del Muro de Berlín, con la caída de la Unión Soviética se acabó la historia y aquí venció el capitalismo neoliberal. Ése es el dogma. Una especie de religión fundamentalista. Muchos, a ciegas, muchos, sin ninguna crítica, un poco signados por el nefasto pensamiento único, han sido empujados a un modelo que se quiere presentar como si el fin de la historia fuera el puente hacia la felicidad. Hay que estudiar bien la postura de los globalifóbicos. Es un movimiento que hay que mirar con atención. Lo he dicho desde Quebec cuando sentí su fuerza. La sentí, la vi, olí los gases lacrimógenos. No nos dejaban salir del hotel. Quería poner una corona de flores en la estatua de Bolívar en Quebec, y no pudimos porque las calles estaban tomadas. No son un movimiento homogéneo, que pudiéramos decir que tiene una posición, pero habría que analizar qué lo mueve. Hay que revisar ese pensamiento. Estamos en tiempo de mutaciones, de una marcha alocada sobre este modelo falso; hay que revisar esto y reconstruir desde lo pequeño, desde lo cotidiano, desde lo nacional, desde lo local, desde lo regional, con mucha participación popular. Se trata de democratizar estos modelos de integración, llámense como se llamen.
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