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Globalización: la enfermedad del nuevo milenio (entrevista)
Hugo Chávez
De Foreign Affairs En Español, Otoño-Invierno 2001

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Resumen: El presidente Hugo Chávez es escéptico respecto del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Como ideología del nuevo tiempo para América Latina y el Caribe prefiere el bolivarianismo, al cual son inherentes valores atemporales como democracia, justicia social y equidad. Chávez no se declara globalifóbico, pero prácticamente lo es. Advierte que la globalización es un tipo de fundamentalismo y rechaza la unipolaridad. En el plano internacional es partidario de la autodeterminación de los pueblos y de la no intervención, por lo que critica a los países que intervienen en asuntos internos de otros estados.

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[continúa...]

HCH.— En verdad no me preocupa, se trata de sobredimensionar un asunto que es de libre elección, como dónde quiere uno vivir. No es un tema de mi mesa diaria. Como la fuga de capitales, también esto se ha tratado de sobredimensionar. Es un movimiento libre, aquí no hay control de cambio, aquí no se impone ninguna condición para entrada o salida de capitales, de la misma manera en que salen también entran. De la misma manera que se va gente también viene. Me referiré a una experiencia personal vivida hace apenas cinco días, no a una encuesta. Uno de mis hijos me invitó al cumpleaños de un amigo suyo. Había muchachos y muchachas de clase media y de media alta. Algunos, estudiantes universitarios, otros profesionales. Conversé con casi todos. Al despedirse, uno de ellos se acercó y me dijo que iba a otra fiesta porque estaba aprovechando sus vacaciones en Venezuela, ya que estudiaba en Miami. Y, como queriendo dejarlo claro, dijo: "yo termino mis estudios y me regreso con mi novia Señor Presidente". Por supuesto que tienes que venir le dije yo, es necesario. Se alejó y se acercaron otros. Uno más dijo algo parecido al anterior: "Cuando termine el bachillerato mis padres me enviarán a estudiar afuera, yo me prepararé y vendré para acá porque tenemos que construir el país". Por lo tanto, el tema me parece, primero, viejo, y además no es un fenómeno de Venezuela, ni exclusivo del gobierno de Hugo Chávez. Es un fenómeno que está recorriendo todo el Sur. ¿Qué me dices de México y Estados Unidos, que han tenido que construir casi unos muros... y de Brasil y de Argentina y de Sudáfrica? Llegar a decir que la gente se está yendo en masa de Venezuela, bueno..., eso la gente lo dice dentro de la misma campaña del asunto de Montesinos y de la guerrilla colombiana y de la visita a Irak y del narcotráfico y los aviones que no volaron. Es el mismo manejo para tratar de que el mundo crea la mentira de que aquí se persigue, que hay inseguridad, que se atropella, que hay temores. Yo no digo que no haya sectores que tengan temores, pero del gobierno y del respeto a las libertades no hay ningún tipo de temor.

FAE.— La mala relación que tiene usted con la prensa surge una y otra vez, tácita o implícitamente, en sus planteamientos. Sin embargo, no ha cerrado un solo periódico, no hay un solo crítico encarcelado...

HCH.— Ni lo cerraré. Yo creo en la libertad de expresión. Vivo en ella, nado en ella. La libertad de pensamiento, aun cuando se abuse. Lo que hay aquí es una confrontación histórica, un choque entre un modelo político, un modelo ético o antiético. El modelo viejo y el modelo nuevo. Durante décadas, la gran mayoría de los dueños de los medios de comunicación ha sido la misma, eso no ha cambiado. Durante décadas pervivieron, permitieron, compartieron, callaron al amparo de la corrupción, del atropello del pueblo, del enriquecimiento, de la necedad, del cinismo, de la mentira. Si invitas a ese pequeño grupo a este salón, a este patio, a lo mejor cabrán todos en esta mesa y quizá sobren una o dos sillas. Ellos tienen mucho dinero, reclaman la libertad de expresión pero no la permiten en sus propios medios. No encontrarás a un periodista que haya sido perseguido por el gobierno de Chávez, pero te puedo conseguir nombre y apellido de periodistas que han sido expulsados o despedidos de un medio de comunicación por negarse a seguir los lineamientos del patrón, de la sala de redacción. Eso sí lo podrás conseguir.

FAE.— Hay, sin embargo, una iniciativa del gobierno venezolano que sí podría impedir la libre expresión, una especie de espada de Damocles que pende sobre ella, y que ha sido denunciada ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. ¿Qué dice al respecto?

HCH.— En Venezuela hay grupos internacionales como la Sociedad Interamericana de Prensa, por ejemplo, que agrupa a los grandes magnates de los medios del continente, que pretenden inmiscuirse en los asuntos internos. Nosotros les hemos respondido. Cada vez que alguien hace una declaración atentatoria contra la soberanía del país o trata de actuar contra nuestra soberanía, nosotros le respondemos de inmediato. En cualquier caso y sea quien sea, porque la soberanía es sagrada para nosotros.

Respecto a la Comisión, no quiero hablar en particular sino en general. Con la intervención o el intervencionismo que se estableció en las últimas décadas del siglo XX, creemos que hay que respetar principios sagrados, como la autodeterminación de los pueblos, el derecho de los pueblos a elegir y buscar y luchar por su propio destino sin ningún tipo de injerencia de organismos internacionales. Cuando en un organismo internacional se practican reflexiones o llamados, habría que ver casos particulares. Pero algunas veces estos organismos han sido utilizados por los países poderosos para imponer criterios y mecanismos de dominación y presión sobre los países pequeños. En estas reuniones internacionales se condena, por ejemplo, a algún país, y nosotros hemos votado contra posiciones que pretenden condenar a Cuba en asuntos de derechos humanos. O han pretendido condenar a China. Nosotros hemos votado en contra porque no somos quién para estar juzgando a esos países.

En todo el mundo se violan los derechos humanos. Donde se dice que hay y existen procesos democráticos aparentemente sólidos, de respeto a las libertades, se ve pobreza, asesinatos en masa, discriminación racial. Tendría que remontarme a lo que dice la Biblia.

FAE.— ¿Qué dice?

HCH.— Bueno, "antes de ver la paja en el ojo ajeno mira la viga que tienes en el tuyo". En asuntos electorales, por ejemplo, cada quien tiene sus propios procesos. El año pasado nos opusimos cuando se pretendió condenar a Perú por las elecciones de junio-julio. Y no sólo nos opusimos en el caso de Perú. Si pasado mañana se pretendiera condenar a Brasil o Haití por un proceso interno, nos opondríamos porque no somos la policía del mundo. Si alguien hubiese propuesto condenar el proceso electoral de Estados Unidos, igual nos hubiésemos opuesto. Como bien se sabe, fue un asunto traumático, creo que batió récords mundiales. Después de un mes no se sabía quién había ganado. Hubo denuncias de una serie de personas que dijeron haber votado engañadas. Ahí ocurrieron muchas cosas como en cualquier país del Tercer o Quinto Mundo. Pero es un problema de Estados Unidos, de sus instituciones, de su soberanía, de sus leyes y, en última instancia, de su pueblo. Correspondía a los estadounidenses solucionar su conflicto, como al final lo solucionaron.

FAE.— A usted se le critica por ser militar. ¿Cómo puede un militar ser presidente en un estado democrático? ¿Por qué un militar en la presidencia?




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