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Globalización: la enfermedad del nuevo milenio (entrevista)
Hugo Chávez
De Foreign Affairs En Español, Otoño-Invierno 2001

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Resumen: El presidente Hugo Chávez es escéptico respecto del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Como ideología del nuevo tiempo para América Latina y el Caribe prefiere el bolivarianismo, al cual son inherentes valores atemporales como democracia, justicia social y equidad. Chávez no se declara globalifóbico, pero prácticamente lo es. Advierte que la globalización es un tipo de fundamentalismo y rechaza la unipolaridad. En el plano internacional es partidario de la autodeterminación de los pueblos y de la no intervención, por lo que critica a los países que intervienen en asuntos internos de otros estados.

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[continúa...]

Lo mismo pasa con los estados andinos. Apenas vuelva de Brasil iré a Cartagena para acudir con Pastrana a una reunión de la Asociación Nacional de Industriales de Colombia. Me invitó el alcalde de un departamento llamado Bolívar, cerca de Cartagena, donde Bolívar inició su Campaña Admirable, y hablaré con el alcalde y seguramente con los campesinos, los indígenas. También con Cuba; no es un asunto especial. Pero ya lo dije, se han magnificado mis visitas a La Habana, a Irak y a Libia. Visité todos los países de la OPEP; los medios internacionales resaltan las horas que pasé en Bagdad o en Trípoli, pero no hablan del encuentro y la visita de tres días que hice a Arabia Saudita, o de las conversaciones con el rey Fahd y el príncipe heredero, y con los príncipes y el pueblo saudita, y las universidades, ni de las visitas a Nigeria o Argelia. Sólo hablan de Saddam Hussein.

Es un intento de exagerar algunos aspectos de interés para quienes pretenden satanizar o desvirtuar la realidad de nuestro movimiento, de nuestras motivaciones, de nuestro interés. La apuesta con Cuba es la misma que con Brasil, Colombia y Centroamérica; es la misma apuesta que yo puedo hacer con México, es una integración real, y Cuba es parte del continente. No se puede borrar Cuba del continente americano.

FAE.— Sin embargo, Cuba tiene una situación política especial, ¿o no?, la Guerra Fría, que pareciera no terminar entre Washington y La Habana. ¿Buscaría usted un papel de mediación, de buen "componedor" entre esas dos partes?

HCH.— Nosotros estaríamos dispuestos a ayudar sólo a pedido de ambos, como lo hemos hecho en el caso de Colombia, con el gobierno y la guerrilla, sólo a pedido de ambos. Si en alguna ocasión ambos pidieran que hiciéramos algo, por supuesto que lo haríamos, pero, de principio, lo que hay que hacer es levantar el embargo. Nosotros lo hemos dicho públicamente, ya es suficiente. Lo hemos pedido a las Naciones Unidos. Cuba tiene que integrarse plenamente a la OEA y a las reuniones, mecanismos, discusiones y deliberaciones latinoamericanos; el pueblo cubano es un pueblo hermano.

Siempre lo he dicho, hablar de Fidel es un punto de referencia y de dignidad. Todos lo reconocen. He visto a Fidel en reuniones de jefes de Estado, lo he visto en las calles de varios pueblos, lo he visto conversando con políticos, y todos reconocen su coraje, su valor, su temple, su dignidad. A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.

FAE.— Ya manifestó usted claramente que no es comunista, pero ¿cómo se imagina usted una sociedad igualitaria, la que desea para Venezuela?

HCH.— Desarrollar el modelo contenido en este pequeño gran libro azul –dice tomando la nueva Constitución–, el fundamento político; viene del pensamiento de Bolívar, del discurso de Angostura, que quizá fue el discurso y el documento más profundo y avanzado que recoge la ideología bolivariana. Bolívar señala cosas interesantes en lo político. Un conjunto de ideas que pueden conformar, y conforman perfectamente para nosotros, un sistema ideológico bolivariano. Define, por ejemplo, un gobierno democrático, aunque no lo llama así exactamente. Dice: el sistema de gobierno más perfecto es aquel donde se da la mayor suma de estabilidad política, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de felicidad posible. Entonces, señala un principio que puede ser la fórmula para solucionar el dilema de la desigualdad. Comienza aceptando que todos los seres humanos nacemos desiguales por naturaleza. Lo cual fue muy criticado por los marxistas que creen en la igualdad pura. Yo creo, como Bolívar, que no existen épocas iguales en genio, en temperamento, en algunas potencialidades físicas o intelectuales, colores de piel, tamaño, sexo, fuerza física y, por supuesto, en cuanto al entorno que nos rodea.

Yo nací en una casa de palma y piso de tierra. Ya el mismo entorno que me rodeaba me marcaba profundamente de desigualdad ante un niño que hubiese nacido el mismo día y a la misma hora en Caracas o México en cuna rica. Nací en clase muy baja. En cuanto al entorno, hay un fuerte impacto hasta psicológico, social, económico, integral.

Bolívar decía que, si no nacemos iguales por naturaleza, debe haber un conjunto de leyes y una Constitución que genere una igualdad. La sociedad, conjuntamente con el Estado en un régimen no meramente estatista sino social y estatal, debe generar una igualdad jurídica, igualdad social, igualdad política. La igualdad pura, hasta ahora, es una utopía pura. Igualdad pura es igual a utopía pura.

¿Qué es lo que nos mueve a nosotros todos los días? Hacer leyes, instituciones, emprender acciones, tomar decisiones para ir generando esa igualdad, para ir combatiendo esa horrorosa desigualdad que es bestial en Venezuela, en el continente y también en el mundo. Pero comencemos con la nuestra, la que nos corresponde, la que está dentro de nuestro ámbito.




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