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Globalización: la enfermedad del nuevo milenio (entrevista) Hugo Chávez De Foreign Affairs En Español, Otoño-Invierno 2001 Resumen: El presidente Hugo Chávez es escéptico respecto del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Como ideología del nuevo tiempo para América Latina y el Caribe prefiere el bolivarianismo, al cual son inherentes valores atemporales como democracia, justicia social y equidad. Chávez no se declara globalifóbico, pero prácticamente lo es. Advierte que la globalización es un tipo de fundamentalismo y rechaza la unipolaridad. En el plano internacional es partidario de la autodeterminación de los pueblos y de la no intervención, por lo que critica a los países que intervienen en asuntos internos de otros estados.
FAE.— ¿Qué pasó con esos aviones a los que no dejaron sobrevolar territorio venezolano? HCH.— Eso no era necesario, el mismo gobierno de Estados Unidos lo ha reconocido. Todas las declaraciones, desde el gobierno anterior y el actual, han sido de reconocimiento a los éxitos y al apoyo y la cooperación de Venezuela contra el narcotráfico. Yo no he leído una sola declaración que lo ponga en duda y, si la hubiere, sería por supuesto sin fundamento. Pero hasta ahora, y espero que eso siga siendo así, se ha reconocido nuestra eficiencia, nuestra cooperación. Un alto funcionario estadounidense, del Departamento de Estado, negó hace unas cuantas semanas que la falta de cooperación de Venezuela se debiera a que no se le permitió que sus aviones sobrevolaran. Él mismo reconoció que ése no era el problema. Lo que nosotros siempre hemos dicho es que el problema no es ése. Nosotros tenemos aviones F-16, Mirage, F-5, una fuerza aérea de las más avanzadas de Sudamérica, que todo el día patrullan, luchan y persiguen aviones. Ése no fue el problema; se está sobredimensionando un pequeño componente del problema. Además, se estaba violentando nuestra soberanía. Alguna vez he preguntado: ¿qué dirían en Washington si Venezuela pidiera permiso para sobrevolar su territorio?, porque allá llegan avionetas, ¿o no?, ¿cómo llega la droga a Estados Unidos?, ¿por qué parte entra?, ¿qué pasaría si los aviones venezolanos pidieran permiso de sobrevolar?, porque se trata de reciprocidad, ¿o no?, ¿será que nos permitirían sobrevolar Washington con unos cinco aviones F-16? No sólo Washington, Brasilia tampoco lo permitiría, ni Bogotá. Se viola la soberanía del espacio aéreo. Éste es un problema que trató de utilizarse contra nosotros y, como casi todos los temas que contra nosotros se han utilizado, cayó por su propio peso. Nuestras relaciones con Estados Unidos son buenas, de cooperación, de apoyo. FAE.— Ya que hablamos de Estados Unidos, ¿cuál es su posición sobre el Plan Colombia? HCH.— Siempre lo hemos dicho y ha sido claro: apoyamos todo lo que de social tenga el plan, llámese Plan Colombia o llámese cómo se llame. Pero lo que nos ha preocupado siempre es el componente militar, además del componente del riesgo ecológico, de la fumigación de grandes extensiones de sembradíos o de selvas que puede contaminar ríos, gente, vidas, no sólo de Colombia sino de todo lo que es la Cuenca Amazónica. Y la preocupación no es solamente de Venezuela, también es de Ecuador, de Brasil, de Panamá y de los países de la Cuenca Amazónica. Por ello, hemos levantado nuestra voz de alarma y pedido un llamado a la reflexión. Con la nueva administración estadounidense se han retomado, o se han tomado, algunas de nuestras críticas. Eso es lo que creo, y espero que así sea. Pero la posición es la misma: la intervención militar en Colombia sería nefasta. Que si asesores militares, que si batallones, que boinas verdes, helicópteros y aviones para sobrevolar, eso sería nefasto, pues podría trasladar el conflicto interno de Colombia hasta nuestros países, hasta Venezuela, Ecuador, Brasil, Panamá especialmente. Ésa es nuestra posición. FAE.— Siguiendo con Estados Unidos, es claro que ustedes le suministran más petróleo que todos los países del Golfo Pérsico juntos. Sin embargo Washington sigue señalando que usted es un personaje inasible para ellos, que les cuesta trabajo entenderlo. ¿Cómo se definiría usted ante un auditorio estadounidense? HCH.— No sé a quién te refieres tú al hablar de Washington. Washington se puede entender de tantas maneras... Washington es tantas cosas... FAE.— ¿Cómo se define usted ante el poder político que tiene su sede en Washington? HCH.— Tu planteamiento tiene dos vertientes. Una de allá para acá que no puedo referir porque no tengo fundamentos para evaluar su apreciación. Cualquier apreciación de ellos, pues, la respeto, pero muchas a lo mejor no las comparto. Como ya lo hemos dicho en algunas ocasiones, cuando iniciamos aquí el proceso constituyente hubo funcionarios estadounidenses que dijeron estar preocupados por la democracia en Venezuela, pero luego el presidente Clinton, a los pocos meses, dijo que no había que preocuparse por la democracia en un país donde hubiese cinco elecciones en un año. Eso dejó salvado, digamos, el honor. Aunque queda claro que de allá para acá hay muchas maneras de ver a Venezuela. FAE.— Pero, ¿cómo se quiere presentar Venezuela ante Estados Unidos? HCH.— Como lo que somos. No tenemos ningún sello para presentarnos como nos convenga o como a ellos les parezca mejor, nos presentamos como lo que somos. Por lo que somos y por lo que hacemos. Desde el punto de vista de las relaciones internacionales, buscamos el respeto mutuo. Respeto a la soberanía porque respetamos la soberanía de Estados Unidos y pedimos que se respete la nuestra. Respetamos sus instituciones y pedimos que se respeten las nuestras. Respetamos su modelo económico, respetamos también la ideología que mueve la corriente política de Estados Unidos y pedimos que se respeten nuestras ideologías: el respeto mutuo, las relaciones de cooperación, de paz, de igualdad internacional. No es que nosotros lo queramos, es que somos así. Yo creo que la percepción ha mejorado bastante, que hubo un problema de percepción producto de una campaña de satanización sobre nosotros desde hace mucho tiempo, no nada más de ahora sino desde 1992. A mí me han pintado esencialmente como un fundamentalista de extrema izquierda, se me ha dicho de todo. No sé cuántas visiones falsas han corrido en Estados Unidos. Lo que pedimos es que se nos vea con claridad y se nos entienda.
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