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Globalización: la enfermedad del nuevo milenio (entrevista)
Hugo Chávez
De Foreign Affairs En Español, Otoño-Invierno 2001

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Resumen: El presidente Hugo Chávez es escéptico respecto del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Como ideología del nuevo tiempo para América Latina y el Caribe prefiere el bolivarianismo, al cual son inherentes valores atemporales como democracia, justicia social y equidad. Chávez no se declara globalifóbico, pero prácticamente lo es. Advierte que la globalización es un tipo de fundamentalismo y rechaza la unipolaridad. En el plano internacional es partidario de la autodeterminación de los pueblos y de la no intervención, por lo que critica a los países que intervienen en asuntos internos de otros estados.

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[continúa...]

FAE.— Hablando de Colombia, ¿por quién tiene mayor simpatía ideológica, por "Tirofijo" o por el presidente Pastrana?

HCH.— No me ponga en ese dilema. No se trata de simpatía ideológica. En verdad no conozco a "Tirofijo" ni conozco su ideología, jamás lo he visto. A Andrés Pastrana sí lo conozco y tenemos una gran afinidad, con frecuentes encuentros de trabajo conjunto. Se trata de buscar el consenso, el trabajo común. No se trata de un dilema, para mí nunca lo ha sido, que si estoy con la guerrilla o con el gobierno. Yo estoy con Colombia, con la posibilidad de la paz. Eso es lo más importante más allá de las ideologías. No soy comunista aunque tampoco soy anticomunista, siempre lo he dicho, pero no tengo semejanzas ideológicas con la guerrilla, ni políticas, ni éticas, de ningún tipo y mucho menos de tipo militar. Tenemos un compromiso con Colombia. Por supuesto que hay un compromiso de trabajo conjunto. Hemos firmado cuantos acuerdos de cooperación conjunta hay. Mi corazón está con Colombia en el camino de la paz, y ése ha sido el fundamento.

Los gobernantes venezolanos declaraban, hasta el día que nosotros entramos al gobierno, que la guerrilla colombiana era un "enemigo común". Una actitud de intervencionismo. Venezuela realizó operativos conjuntos con las fuerzas armadas colombianas, y muchas veces con otros sectores armados de Colombia contra el "enemigo común". Estábamos importando un conflicto, porque si tú declaras a la guerrilla como tu enemigo común, la guerrilla te reconoce como tal y te ataca, como nos atacaban. Mataban soldados venezolanos, se llevaban armas de puestos venezolanos. Eso se acabó. Desde el primer día dijimos no, no declaramos a la guerrilla "enemigo común" y estamos dispuestos al diálogo. Estamos dispuestos a abonar el camino hacia la paz y el entendimiento. Hasta hace dos días estuvieron aquí reunidos los representantes de ambas partes; no llegaron a ningún acuerdo, la reunión se rompió bruscamente, pero estoy seguro de que seguirán hablando. Y cuando nos llamen para decirnos que nos necesitan, este país, su territorio y su gente, están a la orden para que los colombianos conversen sin fusiles, sin bombas, sin paramilitares, sin drogas, sin narcotráfico, para que Colombia vaya buscando y consiguiendo un verdadero camino hacia la paz. Eso es vital.

Si estamos hablando de una integración continental es imprescindible que Colombia consiga esa paz. Así que no se puede tener una afinidad ideológica con "Tirofijo" o Pastrana, se trata de una solidaridad con Colombia. La ideología que recorra Colombia pertenece a los colombianos.

FAE.— Respecto de Perú, se dice que hay un distanciamiento entre usted y el gobierno de Toledo.

HCH.— No lo hay y espero que no lo haya, sino todo lo contrario. Asistí a la toma de posesión y eso significó la respuesta a un fenómeno que se dio, principalmente, por el sonado caso del señor Montesinos. Una parte del gobierno del presidente interino de Perú, Valentín Paniagua, en acciones confesadas, como dicen los abogados, nos atacó, pero eso ya pasó a la historia. Así que la llegada de Toledo, como hemos dicho, significó el relanzamiento de nuestras relaciones. Nos hemos propuesto una comisión de alto nivel para estudiar mecanismos de cooperación y acercamiento. No hay ningún distanciamiento y espero que no lo haya; haremos todo lo que haya que hacer para que no se dé ni con Toledo ni con ningún presidente del mundo.

FAE.— Cuando se habla de Vladimiro Montesinos no puede sino hablarse del narcotráfico en su país y en la región, de la vinculación de la corrupción del narcotráfico con aparatos de seguridad del Estado. ¿Le preocupa a usted el narcotráfico dentro de Venezuela? ¿Cómo lo observa?

HCH.— Claro que nos preocupa muchísimo este fenómeno mundial, para el cual hay que reclamar la corresponsabilidad de un tratamiento integral del problema. El problema no consiste en que nos certifiquen o nos descertifiquen, en que nos asignen 10 o 100 millones de dólares, en que nos señalen como los "sudacas" que producimos la coca. No es aquí donde se origina el problema. El problema es un problema de demanda, un problema de grandes capitales que no están precisamente en nuestros países. Es un problema de trastocamiento de valores que ha ocurrido en los últimos años del siglo XX, un siglo de degeneraciones. Por lo tanto, se trata de un problema de todos. El presidente Jacques Chirac ha expresado al mundo que es un problema de corresponsabilidad y de cooperación. Nosotros hemos cooperado y hemos dado buenos golpes al narcotráfico aquí en Venezuela y en nuestras inmediaciones, en cooperación con otros gobiernos de la zona. Hemos elevado la eficiencia en nuestros cuerpos de inteligencia, cuerpos militares, cuerpos policiales que se dedican a la lucha contra el narcotráfico; hemos perfeccionado la legislación misma. Acabo de recibir una carta de Chirac y otra de Lionel Jospin, reconociendo nuestra labor y nuestra cooperación en una captura. Estábamos en Lima en la toma de posesión de Toledo, cuando autoricé a la marina francesa para que abordase en aguas internacionales, pero muy cerca del mar territorial venezolano, a un barco que llevaba bandera venezolana que se sospechaba que llevaba drogas y, en efecto, ahí se consignaron varios kilos de cocaína. La marina francesa nos entregó el barco a nosotros, se decomisó la droga y estamos enjuiciando a unos venezolanos y a otros extranjeros que iban en el barco.

FAE.— ¿Con los franceses sí y con los estadounidenses no?

HCH.— ¡Cómo no! ¿Quién dijo que no?




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