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Globalización: la enfermedad del nuevo milenio (entrevista)
Hugo Chávez
De Foreign Affairs En Español, Otoño-Invierno 2001

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Resumen: El presidente Hugo Chávez es escéptico respecto del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Como ideología del nuevo tiempo para América Latina y el Caribe prefiere el bolivarianismo, al cual son inherentes valores atemporales como democracia, justicia social y equidad. Chávez no se declara globalifóbico, pero prácticamente lo es. Advierte que la globalización es un tipo de fundamentalismo y rechaza la unipolaridad. En el plano internacional es partidario de la autodeterminación de los pueblos y de la no intervención, por lo que critica a los países que intervienen en asuntos internos de otros estados.

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[continúa...]

HCH.— No sabemos todavía. Hay que evaluar la propuesta muy bien. Es como una petición de matrimonio. Si me dices "vamos a casarnos", así, de repente, no se puede, se tiene que evaluar la decisión. Ciertamente, yo he tomado y he repetido la expresión del presidente Cardoso en un discurso de la Cumbre de las Américas allá en Quebec: "El ALCA es una opción, no un destino". Eso es absolutamente cierto. Dependerá de la calidad del tratado, de las particularidades, de los métodos, de la profundidad con que se haga que aceptemos o no. Además, déjame decirte que no dependerá de mí ni del gobierno. Tiene que depender del pueblo venezolano. Nosotros lo hemos planteado y va a ser así. Para que Venezuela se incorpore a un acuerdo de ese tipo tiene que consultarse al pueblo. Sin duda, estamos obligados por la Constitución. ¿Cómo vamos a sumarnos a un mecanismo de nivel continental sin consultar al pueblo venezolano? Hay muchos riesgos; por ejemplo, en el acuerdo no se establece el respeto a las economías más atrasadas y a las desigualdades, entonces el mecanismo pudiera no ser de integración sino de desintegración; integra a un grupo y desintegra al otro. Nosotros, los países más pobres y más pequeños estaríamos en riesgo de desintegración o de mayor desintegración que en los últimos años porque históricamente nos ha tocado una molienda de pobreza, miseria, desnutrición y mortalidad infantil.

Si el ALCA apoyara lo social, yo levantaría la mano con mucho interés. Pero no es así. En Quebec, por ejemplo, me correspondió abrir el debate sobre el tercer punto que era, precisamente, el asunto social, pero para el último día, después de dos jornadas revisando lo económico, lo social se trató como un saludo a la bandera. Yo hice una propuesta: que declaráramos la emergencia social en el continente; que pidiéramos a la OEA que elaborara un mecanismo jurídico. Es más, propuse crear un fondo, y Venezuela ofreció ahí mismo aportar unos millones de dólares. Alguien dijo que era muy poquito lo que Venezuela podía aportar. Pero digo modestamente que Venezuela puede aportar 5 o 10 millones de dólares, y cada uno de los ahí reunidos podía hacer lo mismo. Pero cuando se habla de lo social, la mayoría se queda callada. La amenaza para la paz y la democracia en América Latina no son los militares y la guerrilla, la amenaza es el desastre social. Si el ALCA no reconoce los riesgos que estamos corriendo millones de seres humanos, ésa sería una invitación al infierno y nosotros al infierno no queremos ir.

BOLIVARIANISMO

FAE.— ¿Qué es, cómo explica la idea bolivariana y en qué puede contribuir esta visión decimonónica a la política latinoamericana del siglo XXI?

HCH.— Yo no diría decimonónica. Creo que las ideas no tienen siglo. Describir al bolivarianismo como una idea decimonónica ha sido una forma que ha utilizado la reacción para tratar de deslegitimarlo.

Vamos a ver, la idea de Cristo tiene dos mil años, y pasarán dos mil más y ahí estará, porque mientras haya necesidad de luchar por la justicia, por la igualdad, por la felicidad de los seres humanos, esa idea no morirá ni será de un solo siglo.

Es cierto que el proyecto bolivariano, como dices, nació en el siglo XIX y tuvo en él su apogeo, una verdadera epopeya. Nosotros hemos retomado lo del Congreso de Angostura de 1819 exactamente 180 años después. Nosotros aprobamos, en referéndum, una Constitución que retoma los principios fundamentales del bolivarianismo y que contiene el proyecto nacional para el siglo XXI y más allá. Ésta es Venezuela en lo político, lo económico, lo ético, lo social, en sus relaciones con el mundo, en lo territorial.

En el ámbito de las relaciones con América Latina o de la integración latinoamericana, el concepto es recogido en la Constitución desde el preámbulo mismo, donde se ordena, se manda, la integración latinoamericana de acuerdo con el principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos.

Venezuela está promoviendo un debate, una discusión en todos los niveles posibles para retomar a Bolívar, la idea del bolivarianismo. Si tú preguntas en la calle qué es el ALCA, nadie lo sabe. Hay que llenar el proyecto de pueblo; si no, esto no tiene sustentación, es una farsa. He dicho que nosotros tenemos la carreta delante de los caballos y los caballos deben ir delante de la carreta. Los caballos no pueden ser el contenido económico de la integración, que es lo que tenemos por delante ahora. No son los caballos, es la carreta. Los caballos tienen que ser los que jalen la carreta, la integración política, social, ética, humana es primero. La voluntad de actos conscientes, la voluntad política, social, de integrarnos deben ser los caballos, poderosísimos. La carreta de la integración económica debe ser una consecuencia, no una causa.

FAE.— ¿Qué papel ve para México en los asuntos hemisféricos?




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