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Globalización: la enfermedad del nuevo milenio (entrevista) Hugo Chávez De Foreign Affairs En Español, Otoño-Invierno 2001 Resumen: El presidente Hugo Chávez es escéptico respecto del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Como ideología del nuevo tiempo para América Latina y el Caribe prefiere el bolivarianismo, al cual son inherentes valores atemporales como democracia, justicia social y equidad. Chávez no se declara globalifóbico, pero prácticamente lo es. Advierte que la globalización es un tipo de fundamentalismo y rechaza la unipolaridad. En el plano internacional es partidario de la autodeterminación de los pueblos y de la no intervención, por lo que critica a los países que intervienen en asuntos internos de otros estados.
¿Por qué toma fuerza una corriente, como la llaman, de "globalifóbicos"? Creo que es como el agua: cuando la tratan de detener o le colocan una defensa, arremete con más furia. O como el viento: detén el viento a presión en una botella, aflójalo un poquito para que veas como revienta las estructuras. Habría que oír a los pueblos, a los trabajadores, a los estudiantes, a los indígenas, a los campesinos, a las clases medias, a los profesionales, y repensar el mundo. Yo creo que el mundo, tal como ha venido caminando, no es viable. No hay viabilidad pacífica para el mundo por el camino del neoliberalismo y la globalización neoliberal. Entonces es una enfermedad. Nosotros estamos replanteándolo, repensándolo y, desde aquí, intentando contribuir con una nueva búsqueda. FAE.— ¿Por qué rechaza usted la visión de un mundo unipolar?, y ¿qué significan sus viajes a países como Libia, Irak, China y Rusia en el marco de esa resistencia, digamos, "ideológica", al concepto? HCH.— Hay un riesgo, un peligro en ese modelo unipolar que se pretendía imponer a finales del siglo XX. La pretensión, por cierto, puede continuar en marcha, pero creo que ya no es posible realizarla. El mundo se mueve en otra dirección y hay signos en todo el planeta que lo indican, para quien quiera verlo y analizarlo. En todo caso, creo que las personas conscientes, y yo soy una de ellas, deben luchar con todos sus medios para que el mundo marche en otra dirección, para que haya varios polos de pensamiento, de fuerza económica, varios polos geopolíticos. Debemos jalar por un mundo democrático. Ése es uno de nuestros principios de política exterior: la democracia internacional, el respeto, la soberanía, la paz internacional, el respeto a la diversidad. Yo no puedo pretender que los chinos o los saudíes, o que los libios, impongan un modelo como el que tenemos en Venezuela. Cada quien, cada pueblo, cada corriente histórica va haciendo su propio modelo, va haciendo su propia historia diariamente. Es el respeto a la diversidad, a la autodeterminación, a la paz, al pluralismo. Eso es lo que debe fomentarse, no la unipolaridad. Debo subrayar que en mi caso ha habido un manejo mediático dentro y fuera del país, en nichos antirrevolucionarios, antibolivarianos, que se han dado a la tarea de resaltar mi viaje a Bagdad, o el de Trípoli o los de Cuba. Cruzamos el desierto en viaje de 6 horas para pasar en Bagdad 12 horas. Pero igual voy a Brasil o a Santiago de Chile en visita de Estado. En octubre vamos a París, y a Londres y a Lisboa, a Francfort, a Berlín. Es decir, Venezuela se abre al mundo sin hacer excepciones. Hay que luchar contra un mundo unipolar y a favor de un nuevo orden internacional del que se viene hablando desde hace décadas, pero que se ha quedado en el discurso. Una política internacional justa, democrática, equilibrada resulta indispensable. Pero para lograrlo hay que contribuir a la creación de ese mundo pluripolar. Éste es un objetivo estratégico esencial. FAE.— Un colaborador suyo, Francisco Mieres, describió el ALCA como "política imperial" para América Latina. ¿Es este, como ha dicho usted y sostienen los brasileños, "una opción" o, como piensan los estadounidenses, "un destino"? HCH.— El ALCA es una invitación; es como si tú me invitaras a caminar por una calle de México. FAE.— ¿La va a aceptar?
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