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Estados Unidos: los dos frentes de conflicto económico Fred C. Bergsten De Foreign Affairs En Español, mayo de 2001 Resumen: El potencial conflicto económico en Asia y Europa podría amenazar gravemente la prosperidad internacional e incluso la seguridad global. La restauración de un orden económico mundial eficaz y un liderazgo estadounidense renovado debe ser la principal prioridad del nuevo gobierno de George W. Bush y del Congreso estadounidense.
C. FRED BERGSTEN es director del Institute for International Economics y anteriormente fue secretario adjunto del Tesoro para Asuntos Internacionales (1977-1981), así como asesor de Asuntos Económicos Internacionales del Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos (1969-1971). © 2001 del Instituto de Economía Internacional. DOBLE DIFICULTAD DESPUéS DE terminada la Guerra Fría, se ha considerado que las amenazas a la seguridad de Estados Unidos proceden principalmente de "estados delincuentes", como Irak y Corea del Norte, ninguno de los cuales son superpotencias o aliados probables en su confrontación con ese país. Pero Estados Unidos encara ahora la posibilidad real de conflicto económico con Europa y Asia del Este: el equivalente comercial y financiero de un combate en dos frentes. En esta esfera, ambos posibles rivales sí son superpotencias. Además, ya han mostrado que son capaces de unirse contra Estados Unidos, como lo hicieron para ayudar a torpedear la reunión ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que tuvo lugar en Seattle en diciembre de 1999. La solución pacífica y eficaz de estos conflictos potenciales constituye uno de los temas más importantes y difíciles para el nuevo gobierno estadounidense y el mundo. Tanto la economía estadounidense como la mundial están reduciendo su ritmo de crecimiento bruscamente, y el futuro de ambas podría verse muy afectado por los resultados. En el mundo posterior a la Guerra Fría, en que los asuntos económicos son primordiales en las relaciones internacionales, estos resultados serán determinantes también para la política exterior estadounidense y para la estabilidad mundial. A la complejidad de la situación se agrega el hecho de que los países de Europa y de Asia del Este no sólo son los competidores económicos de Estados Unidos, sino también sus socios económicos... y muchos de ellos son también aliados cercanos en materia de seguridad. LA LíNEA DIVISORIA CONTINENTAL ESTADOS UNIDOS y la Unión Europea (UE) se encuentran al borde de un conflicto económico y comercial de grandes dimensiones. Washington ya ha tomado represalias contra las restricciones europeas a las importaciones de carne y plátanos de Estados Unidos –cada represalia representa unos 100 millones de dólares de comercio anual- y ha rechazado todos los intentos europeos de resolver estas controversias. Europa, por su parte, amenaza con desquitarse de los varios miles de millones de dólares en subsidios estadounidenses a las exportaciones, así como de las nuevas leyes comerciales de este país, que canalizarían los ingresos de las penalizaciones por antidumping del Departamento del Tesoro a las industrias demandantes y obligarían al presidente a cambiar constantemente los productos contra los que se eleva la represalia, con lo que se intensificaría la repercusión de las sanciones punitivas de Estados Unidos. Pero se vislumbran choques comerciales aún mayores. Es probable que la atribulada industria siderúrgica estadounidense presente otras demandas antidumping contra empresas europeas o incluso medidas proteccionistas para la industria completa que limitarían todas las importaciones de Europa. Además, se está gestando en torno a las aeronaves comerciales una importante controversia entre ambas partes sobre qué subvenciones son más descaradas, si los subsidios gubernamentales directos de los europeos al Airbus o las indirectas que hace el Pentágono al Boeing. Se ha corrido sencillamente un velo sobre la protesta de Europa por las sanciones estadounidenses impuestas a firmas europeas que comercian con adversarios de Estados Unidos, como Cuba e Irán. Y justo sobre el horizonte está la mayor de todas las batallas: las controversias por las subvenciones a las granjas, los productos modificados genéticamente y el comercio agrícola en general, que estallarán en 2003, cuando expire la "cláusula de paz" entre Estados Unidos y la Unión Europea, que constituye una especie de moratoria a las nuevas quejas en el sector agrícola. Estados Unidos y Europa difieren también sobre asuntos comerciales mundiales en los que comparten la responsabilidad de dirección. Siguen divididos, por ejemplo, en la inclusión de temas sobre políticas de competencia e inversión en las nuevas negociaciones de la OMC. Fueron sus posturas opuestas en cuanto a temas como éstos las que impidieron cualquier intento de entablar una nueva ronda de conversaciones comerciales en Seattle. Además, Estados Unidos y Europa están divididos en asuntos relacionados con la energía y el ambiente. Cuando en el otoño pasado se elevaron los precios de los energéticos y estallaron disturbios en las calles de Europa, rugió de nuevo el resentimiento europeo por la inclinación estadounidense al combustible barato y la forma en que se derrocha la energía en ese país. La reciente conferencia de La Haya que procuró elaborar planes operativos para vigilar el calentamiento atmosférico se disolvió por desacuerdos fundamentales sobre quién es responsable del efecto invernadero debido a las emisiones de gases, sobre cómo debían disminuirse éstas y, muy importante, quién debía pagar por hacerlo.
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