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El rechazo del tema ambiental en el alca: una taxonomía
Mónica Araya
De Foreign Affairs En Español, mayo de 2001

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Resumen: El modelo económico latinoamericano promueve el libre comercio y la integración económica. A pesar de que el Área de Libre Comercio de las Américas (alca) da viabilidad a una parte del modelo, existe un debate entre el ámbito comercial y el tema ambiental. Los países de América Latina no están dispuestos a tolerar una agenda ambiental unilateral de Estados Unidos y ven en las negociaciones de alca una oportunidad de controlar los intentos estadounidenses por imponer una política proteccionista con disfraz ecológico.

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Temas:
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Las posibilidades del libre comercio hemisférico
By Sidney Weintraub
Foreign Affairs En Español, Otoño-Invierno 2001

MÓNICA ARAYA es directora del proyecto "Sustainable Americas" del Yale Center for Environmental Law and Policy y analista del consorcio Global Environment and Trade Study (GETS). Ha sido asesora del Ministerio de Comercio Exterior de Costa Rica y consultora en temas de comercio y medio ambiente. Obtuvo una maestría en Política Económica por la Universidad Nacional de Costa Rica, así como en Manejo Ambiental por la Universidad de Yale.

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LA CREACIÓN del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) ha significado una nueva era en las relaciones hemisféricas. Aunque ésta aún no está garantizada, la viabilidad del ALCA hacia el año 2005 es real. En general, la meta de eliminar las restricciones al comercio de bienes y servicios y a la inversión está respaldada por un nivel aceptable de respaldo político. El proceso ha avanzado técnicamente y ha conectado a la comunidad comercial de 34 países como nunca antes en la historia de las Américas. Pero el proceso no ha carecido de ambivalencias. Estados Unidos y Brasil, cuya capacidad de liderazgo es indispensable para que el proceso avance, han afectado el ímpetu del esfuerzo hemisférico por la falta de la negociación expedita, o vía rápida (fast-track), en Estados Unidos y la voluntad de Brasil de consolidar el Mercado Común del Sur (Mercosur) antes que el ALCA. Los detractores del proceso y los que se muestran escépticos ante éste ponen de relieve que se ha erosionado el entusiasmo de la I Cumbre de las Américas de Miami cuando, en 1994, se dio luz verde a la integración hemisférica. Los optimistas destacan que el compromiso del gobierno de Bush con el ALCA es real y que el proceso tomará nuevos bríos. La III Cumbre de las Américas, a celebrarse en Quebec en abril de 2001, permitirá medir la temperatura dentro y fuera del proceso.

Desde 1994 el modelo hemisférico promueve la integración económica y el libre comercio como motores de la prosperidad que permitirán financiar otras metas, como el fortalecimiento de la democracia, la reducción de la pobreza y la protección ambiental.

Aunque el ALCA y la sustentabilidad ambiental se presentan como metas consistentes en la retórica de las declaraciones oficiales de las cumbres y de las reuniones de ministros de comercio, en la práctica su compatibilidad es problemática. En la actualidad, la exclusión del ALCA y el tema ambiental no es casual. El rechazo al tema es explícito y contundente.

¿Qué argumentos sustentan este rechazo? ¿Justifican estos argumentos la posición de que las metas comerciales y ambientales deben cumplirse mediante procesos claramente separados?

EL NUEVO CONTEXTO

EN DICIEMBRE de 1999 el caos desatado en las calles de Seattle dio a la prensa internacional la oportunidad de transmitir en vivo, entre otras cosas, el contraste de los intereses comerciales y ambientales. Por primera vez, el ciudadano medio se vio expuesto a imágenes de jóvenes vestidos como tortugas marinas y que portaban pancartas con la pregunta: "¿Soy un obstáculo comercial?" (una alusión directa a la disputa comercial del camarón y las tortugas). El problema de estas polarizaciones, a veces caricaturescas, es que no hacen justicia a la naturaleza ni a la evolución del debate sobre el comercio (instituciones y negociaciones) y los temas ambientales. Esta discusión es más profunda y antigua de lo que las noticias y fotografías de Seattle lograron transmitir.

Hace una década que los temas ambientales hicieron su entrada en los foros comerciales del momento: la Secretaría del Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), antecesor de la Organización Mundial de Comercio (OMC), y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Tras años de discusión sobre cómo deben enfrentar el tema ambiental las instituciones y negociaciones comerciales, el debate ha llegado a incluir no sólo a gobiernos y organizaciones no gubernamentales (ONG), sino también a los medios académicos, la industria y los organismos internacionales. Indudablemente, este debate continuará ganando terreno en lo analítico y lo político.

El fenómeno de la globalización ha sacado a la luz la interdependencia entre la economía y la protección del medio ambiente, que expone a los países a riesgos comunes (como la crisis financiera de Asia o el desgaste de la capa de ozono). Sin embargo, la interdependencia se enfrenta con una institucionalidad -y con frecuencia una mentalidad- anclada en el pasado. Por ejemplo, la racionalidad del Acuerdo del GATT de 1947 es hasta el día de hoy un pilar del sistema multilateral de comercio, aunque surgió en un contexto en el cual no era necesario tomar en consideración la incidencia en otras esferas, como la ambiental. De hecho, el concepto "medio ambiente" no aparece en el texto del GATT original. ¿Qué razones podrían existir en la década de los cuarenta para que el GATT lo tomara en consideración? Es probable que muy pocas. La agenda ambiental avanzó independientemente de la comercial. Antes de los setenta, las alertas ambientales eran principalmente de índole interna. Pero a medida que se acentuaban los problemas globales (por ejemplo, los efectos del cambio climático), aumentó la respuesta de la comunidad internacional, lo que a su vez expuso la agenda ambiental a un mayor escrutinio sobre sus impactos económicos y comerciales.




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