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Los documentos de Tiananmen
Andrew J. Nathan
De Foreign Affairs En Español, primavera 2001

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Resumen: Por vez primera salen a la luz informes secretos y otros documentos que revelan las actividades internas de la dirigencia del Partido Comunista Chino durante los acontecimientos de la Plaza Tiananmen en 1989. Estos materiales, extraídos de Beijing por un individuo reformista y publicados en un libro de Andrew Nathan, de próxima aparición en español, ponen en tela de juicio la imagen oficial de la crisis como supresión legítima de violentas protestas en contra del gobierno. Detallan incluso lo que sabían los líderes chinos en cada etapa y quién tomó la fatal decisión de enviar al ejército.

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ANDREW J. NATHAN es profesor de Ciencia Política de la Columbia University, así como autor de numerosos libros, entre ellos China’s Transition. Con Perry Link, profesor de lengua y literatura china de la Universidad de Princeton, coeditó The Tiananmen Papers, del cual Foreign Affairs también publica el adelanto que aquí se presenta. Los documentos que aparecen en el libro fueron recopilados y extraídos de Beijing por el reformista Zhang Liang (seudónimo).

ACTUALMENTE, las reformas económicas continúan avanzando rápidamente en China. Sin embargo, la liberalización política sigue esencialmente congelada, tal como ha estado desde el trágico aplastamiento de las manifestaciones estudiantiles en la primavera de 1989. Las protestas estudiantiles masivas, que colmaron la Plaza Tiananmen en Beijing así como otros lugares públicos en ciudades de toda China, tuvieron como objetivo presionar a los autoritarios gobernantes para que llevaran a cabo reformas políticas. No obstante, las multitudinarias movilizaciones fracasaron.

Ahora, una colección sin precedentes de documentos secretos ofrece un extraordinario recuento de las divisiones entre los principales dirigentes de China por la forma en que enfrentaron el movimiento estudiantil. Hubo algunos que sugirieron llegar a alguna solución dialogando con los estudiantes. Sin embargo, ese grupo de líderes moderados perdió ante los que apoyaban la represión militar. Usando minutas de las reuniones e informes secretos sobre esta lucha de poder, el libro Los documentos de Tiananmen, de próxima aparición en español, revela los destinos cambiantes y las sangrientas decisiones que, hoy por hoy, siguen enrareciendo la vida política de China.

Los detallados recuentos sobre las deliberaciones entre los dirigentes no proyectan una imagen en blanco y negro. Todos los líderes empezaron con la intención de resolver las protestas pacíficamente, a la vez que conservaban el control del Partido Comunista Chino (PCCH) y mantenían el orden público. Las opiniones favorables al uso del ejército cobraron fuerza cuando algunos dirigentes clave comenzaron a temer que "fuerzas externas", deseosas de derrocar al régimen, estuviesen azuzando las manifestaciones. Para algunos lectores éste bien podría ser el caso de líderes pragmáticos, aunque autoritarios, que enfrentaron problemas graves de manera equivocada. Otros probablemente emitan un veredicto más severo. Independientemente de la interpretación, la tragedia de Tiananmen sigue siendo inquietante, puesto que sus efectos continúan asfixiando la liberalización política.

¿Qué puede decirse de la credibilidad de los documentos y de quienes, con tantos sacrificios, lograron extraerlos de China con la esperanza de revitalizar la reforma política? El libro es testimonio fehaciente del incansable esfuerzo de tres respetados académicos estadounidenses. Después de hablar extensamente con ellos y con el recopilador chino, el director de Foreign Affairs concluyó que existen "fundamentos convincentes" para suponer que los documentos son creíbles y, por consiguiente, que deben publicarse. Sin embargo, dada la naturaleza secreta y cerrada del régimen chino, es imposible llegar a conclusiones definitivas.

Las manifestaciones de 1989 fueron organizadas por estudiantes de Beijing para fomentar una mayor apertura económica y la liberalización política. El objetivo inicial de los estudiantes no era convertirse en un reto mortal para lo que ellos sabían era un régimen peligroso. Por otro lado, el régimen tampoco apoyaba el uso de la fuerza contra los estudiantes. Ambas partes compartían muchas metas y un lenguaje común. No obstante, la falta de comunicación y los malentendidos hicieron que uno y otro bando se empujaran hacia posiciones en que cada vez fue más difícil llegar a algún tipo de negociación o arreglo.

La chispa que prendió la llama del movimiento estudiantil fue el deseo de rendir homenaje al reformista Hu Yaobang, muerto el 15 de abril de ese año. Dos años antes, Hu había sido reemplazado como Secretario General (líder del partido) por otro moderado, Zhao Ziyang, después de las manifestaciones estudiantiles de diciembre de 1986. Sin embargo, una vez iniciada, la conmemoración rápidamente evolucionó hacia una manifestación a favor de cambios de mayor alcance. El 4 de mayo de 1989 se leyó una declaración de los estudiantes en la Plaza Tiananmen, donde se hacía un llamado al gobierno para que acelerara el proceso de reformas políticas y económicas, así como para que garantizara las libertades constitucionales, combatiera la corrupción, adoptara una ley de prensa, y permitiera que los periódicos pudieran estar en manos privadas.

Zhao Ziyang luchó por que la dirigencia partidista llegara a un consenso sobre una línea conciliadora para con los estudiantes. El dirigente nacional del partido, Deng Xiaoping, parecía estar dispuesto a considerar cualquier cosa, siempre y cuando se desalojara a los estudiantes de la plaza antes de la visita de Estado del líder soviético Mijail Gorbachov. Sin embargo, el 13 de mayo, cuando los estudiantes anunciaron una huelga de hambre, el desastre golpeó fuertemente la estrategia moderada de Zhao. Durante los siguientes días, los intelectuales manifestaron su apoyo a los estudiantes, empezaron a estallar incidentes en las provincias, y la cumbre sino-soviética, que las autoridades veían como culminación triunfante de años de diplomacia, quedó ensombrecida. El enorme contingente de prensa extranjera que había llegado a Beijing para la cumbre centró su atención en el movimiento estudiantil.

Durante las siguientes semanas, los huelguistas obtuvieron el apoyo de decenas de millones de ciudadanos, que tomaron las calles de un sinnúmero de ciudades para exigir una respuesta de las autoridades. Al principio, el gobierno trató de ser paciente con los huelguistas, luego dialogó limitadamente con ellos, para finalmente emitir la orden de desalojar la plaza. Con esta decisión, la cúpula del partido sufrió su peor división desde la revolución cultural. Los que favorecían la reforma política perdieron y, desde entonces, su causa ha estado congelada.

No obstante cabe destacar que el régimen ha disminuido la gama de actividades sociales que promueve para seguir manteniendo el control, especialmente si se compara con los tiempos del afán totalitario maoísta. En los últimos años, las autoridades han adaptado más sus fines de control a sus medios y ya no aspiran a cambiar la naturaleza humana. En otras palabras, el gobierno ha aprendido que existen muchos espacios de libertad que no son esenciales para monopolizar el poder político.




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