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Un callejón sin salida: El liderazgo de Brasil amenazado
Carlos Eduardo Lins da Silva
De Foreign Affairs En Español, primavera 2001

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Resumen: El Plan Colombia significa para Brasil que el intervencionismo estadounidense se materializa en su esfera de influencia. La posibilidad de que esa injerencia militar haga fracasar su liderazgo en la región preocupa gravemente a Brasilia.

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[continúa...]

Ningún otro país en la región tiene el poder y los recursos con que cuenta Brasil para ayudar a resolver el impasse colombiano. Además de colocar su diplomacia al servicio de la pacificación de Colombia, Brasil puede brindar al gobierno colombiano acceso a informaciones recogidas por el sofisticado proyecto de vigilancia de la Amazonia –Sistema de Vigilancia de la Amazonia (SIVAM)– y por sus satélites; también está en condiciones, como lo hizo en Angola, de poner a disposición del país vecino técnicos en salud, ingeniería y demografía, para reducir problemas específicos en regiones conflictivas. La asistencia con tropas es menos recomendable y factible, ya que ése es un campo de acción para el cual Brasil no está equipado ni lo suficientemente actualizado desde el punto de vista tecnológico como para desempeñar un papel significativo en el escenario colombiano.

No hay razón, al menos por ahora, para alarmarse, aunque en la prensa brasileña ya han aparecido reportajes y declaraciones de personas con representatividad nada despreciable en los que se hacen llamados de alerta y se compara la actual coyuntura colombiana con las prácticas iniciales de la intervención estadounidense en Vietnam.

Ciertamente, las enseñanzas del sudeste asiático ayudarán a los gobernantes de Estados Unidos a no repetir los errores que llevaron a su país a la peor tragedia en el último siglo y a la única derrota de su historia militar. Pero no hay duda de que existen aspectos similares en la situación vietnamita de finales de los años cincuenta e inicios de los sesenta, con la actual situación colombiana.

El empeño intervencionista estadounidense, motivado hace cuatro décadas por la Guerra Fría, podría reanimarse ante la amenaza conjunta del narcotráfico y del comunismo. La presencia aislada de uno de esos elementos ya justificó la invasión de Panamá durante el gobierno de George Bush. Aunque frágil, el argumento de que operar en Colombia ayudará a disminuir el consumo de drogas entre los jóvenes de Estados Unidos y, además, extirpará del continente al último grupo armado con orientación ideológica marxista, fue suficientemente tentador para hacer que el congreso destinara un volumen de recursos que no concedería a ningún otro país ante la amenaza de cualquier tipo de flagelo.

Es posible que la presencia armada estadounidense en sus alrededores no signifique, como muchos temían, una amenaza a la soberanía de Brasil ni parte de un plan para controlar a la Amazonia. Pero, sin duda, tal vez represente el fin del proyecto mediante el cual Brasil pretende convertirse en el coordinador indiscutible y representante primigenio de la voluntad colectiva de los países de América del Sur, así como el inicio de una serie de graves problemas militares, sociales y económicos en la región amazónica, y de una competencia por la energía y los recursos materiales de una nación que ya tiene muchos dolores de cabeza que combatir. ¶




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